20 de noviembre de 2016
Férvido y mucho

De nuestros varios orígenes

20.11.2016 | 04:55
Leovigildo.

A Isabel Echevarría

Alfredo Conde, además de el único escritor residente en Galicia que podría ser galardonado hoy por hoy con el Nobel de Literatura (propuesto por universidades extranjeras) también es persona extraordinariamente deportiva -en el sentido de fair-play- capaz de encajar cualquier tipo de crítica con serenidad y bonhomía. Cualquier tipo de crítica que se le haga noble y directamente, no a hurtadillas y maliciosamente. Yo, desde la amistad y el corazón, no me privo de evaluar su obra, a veces severamente.

Dedicarse a escribir literatura siendo funcionario, sin sufrir a la intemperie los resultados, así cualquiera. Desamparado de ayuda, sin protección, sin mecenazgo ni sostén político, ni cobertura funcionarial, Conde, entregado en solitario al oficio de escribir en tanto recurso espiritual y material va depurando una producción abundosa y respetada que lo sitúa quizás como el mejor escritor gallego vivo (caben opiniones). Tantos méritos, mira por donde, no han sido suficientes para adjudicarle un sillón en la RAG ¡Qué banda de sectarios, mon Dieu!

Además, sectarios ignorantes. Especialmente en los medios en los que se desenvuelven los mismos siniestros personajes -iñorantes e féridos e duros, imbéciles e escuros- que al autor de El Beato (último producto de la factoría Conde) le niegan el pan y la sal. De esa guisa se han ganado, por méritos propios, que los traten de necionalistas, unas veces, nazionalitaristas, otras. Y tanto es así que nuestros orígenes los remiten exclusivamente, o casi, a celtas y suevos. Los menos numerosos habitantes de Galicia y que dejaron menos huella en relación a otros pueblos que nos precedieron. De hecho, los suevos destruyeron todo lo que pudieron y no aportaron nada de nada.

Los más mouros

He aquí un sencillo ítem del inmenso muestrario de memeces, sinsentidos y despropósitos de los necionalistas: Nos somos alanos,/ E celtas e suevos,/ Mas non castellanos,/ Nos somos gallegos,/ Seredes Iberos,/ Seredes do demo,/ Nos somos dos celtas,/ Nos somos gallegos./(.)/ Se son dos alarbios/ E mouros, e eso,/ Nos somos do norte,/ Nos somos dos suevos/. En fin, para que luego hablen de Trump.

Ripio tan infantil, infumable payasada, mamarrachada abyecta, lleva la marca inconfundible de Eduardo Pondal. Sinceramente, algunos deben estar asaz enfermos para considerar poeta a semejante pelagatos. Ocurre que el tiempo suele colocar a cada cual en su sitio. Pondal no podía ser excepción, esperando que a otros de la misma cuerda les llegue la hora.

Dejando de lado el altísimo porcentaje (60%) con ascendencia judía, el 20% de la población gallega (junto con Baleares) presenta características genéticas comunes con la del norte de África. Ese 20% es el doble de la media española según un estudio de 2008 en el que participó el justamente prestigiado profesor Ángel Carracedo (The Genetic Legacy of Religious Diversity and Intolerance: Paternal Lineages of Christians, Jews, and Muslims in the Iberian Peninsula, AJHG). La investigación, basada en el análisis del cromosoma Y, presente solamente en los varones y en consecuencia transmitido por línea masculina, revela que Castilla y La Mancha es la comunidad española con menos ascendencia árabe.

Sabedores que hubo poca inmigración económica en Galicia hasta finales del siglo XX, el dato apunta a la invasión árabe. O sea, los mouros somos nosotros, no los castellanos como pretendía Pondal. Esas características genéticas pueden derivar de las primeras poblaciones árabes y bereberes que llegaron a la comunidad gallega en el siglo VIII o, posteriormente, de la expulsión de moriscos hacia Galicia.

Suevos en Allariz

Mientras leía El Beato me acordé de Allariz, plaza señera del nacionalismo gallego, con reconocido pasado suevo según la vulgata historicista del necionalismo. Me acordé porque el personaje central de El Beato es natural de Chaguazoso; Alfredo Conde, de Allariz. En cuya web oficial podemos leer: Da época sueva hai varias lendas, como a que marca a súa fundación por Aliarico (.) Efectivamente, ingrávidas leyendas, no hay ni un gramo de realidad histórica.

En Galicia no se conoce onomástica sueva distinguible de la goda, la onomástica germánica es prácticamente toda goda y residualmente franca. Lo curioso es que no procede directamente del asentamiento de godos sino de la Reconquista. De suevos, ni traza. Los únicos topónimos que recuerdan su presencia en Galicia son los cuatro pueblos con el referente Suevos, en A Coruña, estimándose que son lugares de confinamiento después de ser derrotados por Leovigildo.

Cualquiera llega a parecidas conclusiones si, de buena fe y sin animo partidista, estudia las publicaciones más solventes. De muy poca utilidad resultan W. Reinhardt, Martínez Santaolalla o Chamoso Lamas. De ninguna, Bouza Brey salvo en numismática. Por el contrario, es imprescindible el escrutinio de dos artículos de la autoridad lingüística en la materia, J.M. Piel -publicados seminalmente en español en 1960- que aparecen en Estudos de Lingüística Histórica Galego-Portuguesa (1989). Asimismo las entradas pertinentes del Hispano-gotisches Namenbuch (1975) de la autoría de J.M. Piel y D. Kremer. Sobra decir que aunque mi biblioteca está bien pertrechada no alberga obras tan especializadas, que pude leer, en pdf, gracias al generoso envío de Isabel Echevarría a quien, debe quedar claro, no se le puede endosar ni la mínima responsabilidad de los errores eventualmente aquí contenidos.

Precisamente a Alfredo Conde, hace muchos años le manifesté mi escepticismo con relación al origen suevo de Allariz, un poco en plan boutade. Sin duda porque el segundo apellido de Alfredo es Cid -de consonancia árabe, tan corriente por aquellas tierras- no se crispó en cerrada defensa de la tradición nacionalista. Me preguntó, es normal, en qué me basaba. Me basaba, primero, en que un lingüista francés, ya fallecido, me había sugerido que Allariz venía de la latinización Allah Rex/Rix utilizada en ocasiones por los árabes. Por otra parte, siendo Allariz la llave de Galicia, por la zona hubo guarniciones árabes (Muza conquistó Lugo, la principal plaza fuerte gallega, en el siglo VIII) siendo posiblemente A Mezquita y la Serra de São Mamede/ San Mamede topónimos indicativos. Además, la zona benefició de importante repoblación de mozárabes (hispano-godos que vivían entre musulmanes). Y siguiendo a Carlos Andrés González Paz, la presencia en Galicia de mudéjares (musulmanes que vivían en zona cristiana) es rastreable desde el siglo IX (Sarracenos, Moros, Mudéjares y Moriscos en la Galicia Medieval, Instituto de Estudios Gallegos Padre Sarmiento, 2004).

A todo lo anterior, la única objeción que me planteó Alfredo Conde fue que A Mezquita podría ser fitónimo por una planta de la zona. Ciertamente, pero el nexo causal inverso no debe descartarse.

Allariz y Alarico

Sin excluir completamente la hipótesis algo exótica de Allah Rex/Rix, lo que sí sabemos es que Allariz y Alarico no pueden tener raíz común. Porque de la misma forma que fillo, en gallego, da hijo, en castellano, la raíz común, de haberla habido, habría dado Allariz y Ajariz. Ahora bien, Ajariz es topónimo de Sabiñán (Aragón). Investigando, encontré un reseñable trabajo de Robert Pocklington (cf. Zaraíche) en el que estudia el topónimo Aljariz en Murcia. Pocklington al tiempo que da la raíz árabe hace un comentario muy interesante: a Ajariz le fue restaurada/restituida la "l". Esta restauración era muy frecuente entre mozárabes y cristianos para quien la asimilación de la 'l' no era natural: "Al" era el prefijo más característico. En breve acotación, la contribución del mozárabe a varias lenguas peninsulares está más que acreditada. Por ejemplo, mozárabe: irey-me tib; castellano: iré a ti; gallego: ireime a ti; portugués: ir-me-ei a ti.

Visto que Allariz no deriva de Ala-ricus (Westgotenkönige, página 67 in Piel y Kremer) buscando la yod los germanistas remiten al antropónimo Aliariacus, del proto-germánico Alja-rikaz, postulado al no estar documentado en parte alguna. Otro tanto le sucede a Alie-ricus, tampoco está documentado (ibídem, página 72).

La primera referencia indirecta a Allariz es de 1110 (in locum predictum Allyarici); la segunda, de 1143 (Fernando tenente Alliaricum). Pero es en las cantigas donde aparece concretamente el nombre de la villa: vihno forte en Alhariz (Algeriz, Aljariz, Alhariz, ibidem, 9, página 72). Es decir, los cronistas que escribieron Allyarici y Alliaricum podían estar latinizando el topónimo de origen árabe Alhariz cuya fonética en gallego o mozárabe quizás deparase sorpresas. ¿Por qué Piel no estudió la posibilidad de que Alhariz fuese de raíz árabe, no goda? Probablemente, pedirle eso a un germanista es mucho pedir. Alhariz pervive en Santiago de Ribeira de Alhariz, norte de Portugal.

Sí está documentado que Alhariz llevó a Allaris (con seseo) y al actual Allariz. Alhariz corresponde a la onomástica semítica (Al-Hariz) -sin descartar que su raíz sea puramente goda- como lo prueban varios personajes históricos. Una de las esposas de Mahoma se llamaba Jowairiya Bint Al-Hariz; otro personaje conocido es Bishr Ibn Al-Hariz; otro, el trovador judío Yehuda Alharizi o Yehudah ben Shelomo al-Harizi.

En estos tiempos de intolerancia, tres cosas, para concluir. 1. Allariz no es de origen suevo, seguramente godo y probabilidad no nula que sea árabe. 2. Los gallegos no debemos avergonzarnos -como el racista Pondal- de nuestro origen semítico. 3. Desde el punto de vista de la ciencia histórica, leer a Vicetto, Murguía, Brañas o Castelao es como leer Harry Potter pero en versión callos con chorizo recalentados doce veces. Repiten asaz pero tienen su público.

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