Personajes y tradiciones

Alberto Vilanova en el recuerdo

16.09.2015 | 23:40

Infelizmente en la ciudad de Ourense son muchas las grandes de sus figuras que están injustamente olvidadas. El olvido es proverbial en los casos de José Ramón Fernández Ojea ("Ben-Cho-Shey") e incluso en el de Florentino Cuevillas, mucho más estudiado en las universidades alemanas que en las de nuestra tierra. Donde son muchos los que no saben que sus estudios sobre la edad del hierro en el noroeste peninsular están todavía por superar. Del estupendo artista Cándido Fernández Mazas casi nadie habla. Y tampoco de Antonio Failde, nuestro excelente escultor. La lista de los olvidados es larga: Prado Lameiro, Saco y Arce, Lamas Carvajal, Conde Corbal, Virgilio, José Luis de Dios, Parada Justel, Albino Núñez, Basilio Álvarez, Jesús Soria, Antonio de Puga, Prego de Oliver, Luis Trabazo, Carlos Vázquez, Antón Tovar, Antonio Román, Segundo Alvarado, Amadeo Varela, Gerardo Salgado, Vázquez Gulías, Ferro Couselo, Arturo Noguerol, Manuel Albendea, Pura Vázquez, Filomena Dato, Joaquín Lorenzo, Antonio Rey Soto, Juan Manuel Paz Nóvoa, Manuel M. Sueiro, Sebastián Mnez-Risco, el doctor Luis Gallego Domínguez, Benito F. Alonso, Álvaro de las Casas y tantos otros. Ourense es uno de los lugares en los que más amnesia colectiva hay y el olvido de nuestras mentes más preclaras, en los campos de las letras, las artes y la educación e investigación, resulta ya indignante. Para recuperar tantas figuras de lo que un día se denominó "Atenas de Galiza", sería bonito e interesante que la nueva concejala de educación y cultura, la pedagoga Belén Iglesias, pusiese a andar un hermoso proyecto de edición de pequeñas monografías populares redactadas por expertos, que, bajo el título de "Figuras Ourensanas" o "Cadernos Ourensanos", de no más de 50 páginas, con ilustraciones, que estuviesen dedicadas a nuestros escritores, escultores, pintores, músicos, arquitectos, artesanos, benefactores, educadores, médicos, periodistas, investigadores, deportistas, empresarios, comerciantes y políticos (en este caso, solo los que lo merezcan, que algunos hay).

Desde las páginas ourensanas del Faro de Vigo nosotros vamos a poner nuestro grano de arena iniciando una serie dedicada a Alberto Vilanova, Florentino Cuevillas, Cándido Fernández Mazas, Antonio Failde, Ben-Cho-Shey, Manuel Albendea y Otero Pedrayo, en este caso en su faceta menos estudiada y conocida, como es la de educador. En adelante prometemos continuar la serie dedicada a otras figuras ourensanas olvidadas, incluso de las que por suerte todavía se encuentran entre nosotros. Muchas marginadas y también olvidadas. A pesar de que en los últimos tiempos existe una rimbombante campaña seudo-política bautizada con el nombre de "Ourensanía". Que casi solo se reduce a Blanco Amor, Alonso Montero, Luis G. Tosar, Antón Pulido, Antonio Losada Diéguez, algo a Otero, menos a Risco y Manuel Baltar.

Es posible que, por culpa de la desidia de muchos de nuestros gobernantes en los últimos tiempos, que desconocen nuestra historia y la gran riqueza cultural que en muchos campos tuvo siempre Ourense, estamos en la situación en la que estamos. Uno de los casos más sangrantes es el olvido al que está sometido ese gran bibliófilo, autor de interesantes libros y artículos, que fue Alberto Vilanova Rodríguez. Su extraordinaria biblioteca, gracias a las gestiones llevadas a cabo en su día por Victorino Núñez, se conserva en la Diputación Provincial, y más concretamente, desde hace unos años, en el último piso del edificio Simeón. Donde puede ser consultada por los ourensanos y gallegos que lo deseen, y que es múltiple y variada. Se trata, sin duda, de una biblioteca que es un verdadero tesoro para nuestra ciudad.

Traída en barco en su día desde Buenos Aires, nos muestra cosas maravillosas: el cariño que Vilanova tenía por los libros y también por las publicaciones periódicas, su espíritu abierto ante toda manifestación cultural y la gran variedad de temas de sus numerosos libros. Capítulo aparte merecen los miles de recortes de diarios y revistas, que son verdaderas joyas para los investigadores. Nos atrevemos a decir que casi no existe tema que no se recoja en esta biblioteca. Y además de todas las tendencias ideológicas, por lo que todos los investigadores tienen aquí un verdadero manantial para sus estudios. Vilanova amaba los libros y ese su amor se lo dejó a los ourensanos por medio de su biblioteca. Allí existen, guardados como oro en paño, numerosos artículos de grandes figuras mundiales de la cultura, publicados en infinidad de diarios gallegos, argentinos y españoles. Están por ejemplo los publicados por Tagore en el diario La Nación de Buenos Aires entre los años 1924 y 1925, que son muy importantes. Gracias a Vilanova los tenemos en Ourense y no tenemos que viajar a la Argentina para consultarlos y leerlos en su hemeroteca nacional. Pensamos que Vilanova merece que se bautice con su nombre la biblioteca de San Francisco, si llega algún día en que podamos inaugurarla.

Sorprende que ni tan siquiera en su ciudad exista una calle a él dedicada, donde nació y murió, como tampoco la tiene Manuel Albendea. Resulta curioso que Vilanova sí tenga una calle con su nombre en O Carballiño, gracias a la sensibilidad que en su día tuvo el alcalde Argimiro Marnotes. No lo creerán mis lectores, pero es la verdad.

¿Quién era Alberto Vilanova? Alberto nació en Ourense en el año 1910, hace 105 años. Se licenció en Derecho y en Filosofía y Letras, estudió en la Escuela Normal ourensana, y en 1936 consiguió el Premio Nacional de Historia. Mantuvo siempre un gran aprecio por la República y murió manteniendo vivo el espíritu republicano. Por sus ideas fue condenado a muerte y mucho tuvo que luchar su padre Sergio Vilanova Lorenzo para lograr al final que no fuese injustamente fusilado. En 1954 se estableció en la Argentina como un exiliado gallego más. Allí fue siempre apreciado por la comunidad gallega y por todos los centros gallegos. Pronunció numerosas conferencias. Al comienzo trabajó para varias editoriales y más tarde consiguió la cátedra de Lengua y Literatura Galaico-Portuguesa en la Universidad Nacional de La Plata y la misma en el Centro Lucense. Trabajó también en la Universidad Nacional del Noroeste, ocupando las cátedras de Historia Medieval y Moderna.

Radicado más tarde en Bahía Blanca, trabajó en la Universidad del Sur. Participó en la fundación de la AGUEA y formó parte del programa radiofónico y de la revista Galicia Emigrante, que dirigía Luis Seoane. Colaboró en el diario Galicia de la Federación de Sociedades Galegas. Fue además presidente de la Comisión de Cultura del Consello de Galiza. Entre sus escritos destacamos en primer lugar su excelente trabajo sobre la vida y la obra de Manuel Curros Enríquez, libro que fue premiado, e injustamente olvidado de citarlo por el escritor Casares en su biografía dedicada al poeta celanovense. Sin embargo, su obra magna, excelente y completísima desde todos los puntos de vista, es Los Gallegos en la Argentina, editada en dos volúmenes grandiosos por el Centro Galego de Buenos Aires. Tan solo por esta obra merece Vilanova figurar con letras de oro en el anaquel de nuestra historia y cultura. Organizada con gran rigor y exhaustividad, nos revela el magnífico investigador y bibliófilo que era Alberto Vilanova. Esta gran obra, como muy bien señala su hija Chonina Vilanova, que vive en nuestra ciudad y se encuentra muy bien de salud, no hubiese sido posible si al final su padre fuese fusilado por los golpistas franquistas.

Vilanova publicó además otros interesantes libros bajo los títulos de La Teología Gallega: Fray Tomás de Lemos en el proceso teológico de Galileo, Galería de Gallegos ilustres y La Galleguidad del Padre Feijóo, todos ellos en la editora Galicia de Buenos Aires. Y en 2002, la editora O Castro de Sada publicó un muy importante libro de Vilanova bajo el título de Los días históricos de Galicia. Debemos señalar que también vive en nuestra ciudad el yerno de Vilanova Eligio Lameiras, otrora directivo del Cine Club "Miño", y varios de sus nietos. Alberto Vilanova regresó finalmente a la ciudad que lo viera nacer en el año de 1982, y murió poco después en la misma en el año 1985. Condenados al olvido de nuestras figuras culturales, por una enseñanza anti-gallega, muchos de nosotros no pudimos conocer la labor de grandes gallegos, muchos en el exilio americano, y, por tanto, tampoco en su día la de Vilanova. Ni tan siquiera en los últimos años ourensanos, que también vivíamos en la ciudad, conocimos directamente a este bibliófilo ejemplar, del que, con razón, su hija se siente orgullosa. Mucho nos hubiese gustado conocerlo personalmente, pero tenemos que conformarnos con leer el excelente legado que nos dejó. No sin pedir a quien corresponda que de una vez por todas se le dedique una calle importante de nuestra ciudad, que se ponga su nombre a la futura biblioteca, que se fomente el conocimiento de su obra entre los jóvenes y que se apoye a un investigador para que escriba y publique por fin su biografía. Que, por cierto, bien merece.

(*) Educador social y animador cultural.

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