con otra cara

El eslabón perdido

02.04.2014 | 02:26

Lo de buscar el eslabón perdido entre el hombre y el mono me parece una absoluta pérdida de tiempo. Es dar por hecho que hay un salto evolutivo que la realidad diaria parece desmentir.

Solo hay que ver el vídeo que circula por todas las redes sociales de una joven caminando por la universidad de El Cairo acosada por una horda de salvajes -estudiantes, se supone- a punto de arrancarle la ropa y violarla allí mismo. Las imágenes me recuerdan un reportaje que vi hace poco en el Discovery Channel sobre una manada de babuinos histéricos, aunque en su defensa se podría alegar que las hembras de los primates iban desnudas. Ese parece que fue el problema de la estudiante acosada en Egipto, que no iba desnuda pero su ropa era "inapropiada", según ha dicho el rector de la universidad de El Cairo, Gaber Nasar, para justificar el calentón de los chavales.

La chica llevaba unos pantalones negros y un jersey rosa, y además es rubia, lo que no sé si influye pero lo cuento por si acaso. Dirán que esto es solo una anécdota que no justifica la defensa de mi teoría antievolutiva, pero es que hay más.

En la Cumbre Nuclear que se ha celebrado esta semana en Holanda, los mandatarios fueron atendidos durante un almuerzo solo por camareros varones. El responsable del cáterin consideró que, dada la relevancia del asunto a tratar, el personal debía pasar desapercibido y no distraer a los líderes mundiales, dando por hecho que una camarera sirviendo el postre les alejaría de sus sesudos análisis. Lo curioso es que en la cumbre también había mujeres, pero alguien debió pensar que a nosotras no nos despistan los jóvenes camareros.

Ya, ya sé que la mayoría de hombres son civilizados y no van detrás de una hembra jadeando con la lengua fuera, pero me reconocerán que asistimos día sí y día también a comportamientos de lo más primarios protagonizados normalmente, por hombres. No hace falta irse muy lejos para comprobar que el eslabón perdido aún está por llegar para muchos ejemplares de nuestra especie. No hay más que pararse ante el alarmante rosario de asesinatos contra las mujeres por parte de sus parejas, descerebrados que no han llegado a la categoría de homínidos. Es verdad que la gran mayoría de hombres no van por ahí pegando a nadie ni corriendo por la calle para tocarle el culo a la chica de la minifalda, pero ya se sabe que para que haya un cambio evolutivo han de pasar miles de años y que algunos van más deprisa. Otros, por desgracia, parecen incapaces de comportarse como los homo sapiens que se supone que son.

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