Sol y sombra

El nuevo orden

04.05.2013 | 04:15

No sé si habrá que entonar un kadish de duelo por Europa ahora que empiezan a desfilar las antorchas. El lepenismo ha vuelto a ganar la calle en Francia y los partidarios del neonazi NPD lo han hecho en Alemania coincidiendo con el 1 de mayo. El populismo y la antipolítica se extienden sin remedio; donde la ultraderecha aún no ha amanecido cantan los grillini su teoría del nuevo orden mundial, dictada por Casaleggio, y, mientras, Democracia Real propugna un cambio radical del sistema con un desembarco de "indignados" en el Congreso de la Carrera de San Jerónimo.
Corren tiempos duros: los reproches dan paso a las algaradas, y los vientos de fronda recorren el país mientras los dos principales partidos del arco parlamentario siguen mirándose los ombligos, desconcertados, sin saber a qué carta quedarse para poder continuar en el machito. Los sondeos traen malas noticias para ellos: el PP perdería la mayoría absoluta en su gran feudo madrileño, según una encuesta de Metroscopia. Mientras, el PSOE retrocedería dejando otros seis escaños por el camino.
El descontento social y la penuria económica han operado eficazmente en el descrédito de la política. El drama para los partidos está en la endogamia que ha impedido una renovación lógica en sus filas. La que pueden hacer es más de lo mismo, porque nadie se ha preocupado por formar líderes, sino por alimentar el clientelismo y cerrar la puerta de la organización a personas con mejor preparación y algo más de independencia. Quienes han asumido la doctrina de la secta son los que ahora se presentan como la cantera. La tesis de Zapatero, basada en la sostenibilidad del propio Zapatero, era que cualquiera podía ser presidente del Gobierno de España. Él mismo se encargó de demostrar que, efectivamente, así es.
A partir de ahora tendremos que vigilar a quienes gobiernan sin perder de vista a aquellos otros que intentan aprovecharse del río revuelto, entre los que se encuentran pescadores de toda la vida. No resulta difícil identificarlos y hay que hacerlo por salud democrática.

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