Bono en el país de sor Maravilla

Matías Vallés

23.11.2008 | 00:00

Las perspectivas mundiales no deben ser risueñas, cuando recobra actualidad el lema que Mario Puzo pone en boca de Michael Corleone, "mantén a tus amigos cerca, y a tus enemigos más cerca todavía". Ahora mismo, Obama se rige por este principio a la hora de seleccionar a sus colaboradores más íntimos entre los adversarios a quienes ha derrotado a lo largo de su carrera política. La proximidad le permitirá un mayor control, y le ahorrará conspiraciones palaciegas. En el congestionado ruedo ibérico, la inmediatez de los contrarios ha sido exteriorizada por José Bono en el ya celebérrimo "los de los partidos propios son unos hijos de puta". Dado que el muy católico presidente del Congreso debatía el homenaje a una monja, podría censurarse la elección de vocabulario por parte de quien tanto mima el vestuario. Sin embargo, también aquí los clásicos de la literatura acuden en auxilio del ex ministro. El Quijote contiene una discusión sobre la utilización del insulto universal como elogio fraternal, condensado en "hideputa".
El olfato político no abandona a Bono, cuando demuestra conocer el flanco desde dónde provendrán los ataques más furibundos contra su persona. Al efectuar la confidencia sobre "los partidos propios" a diputados más conservadores que él, se apropiaba de otra cita de Mario Puzo, "nunca odies a tus enemigos, porque eso embota tu juicio". El presidente del Congreso no actúa movido por una alineación ideológica, se limita a reclamar una cuota de pantalla que su actual cargo dificulta, como muy bien sabía Zapatero cuando lo nombró. Al exteriorizar las suspicacias hacia los parlamentarios con los que comparte siglas, el ex ministro debió aclarar si la referencia maternofilial se extiende a sus correligionarios estrictos en la fe, que también son "los propios". En cuanto a su descargo sobre una cámara oculta, las altas magistraturas del Estado -coronadas o no- debieran replantearse las exigencias de discreción anejas a sus cargos, y las limitaciones que los privilegios imponen a su intimidad.
Aunque le complacería, Bono dista de monopolizar la actualidad y el recelo hacia los más próximos. Pérez Rubalcaba debía estar muy desalentado, tras las filtraciones desde su propio ministerio sobre la detención de Cheroki, dado que ha amonestado públicamente a sus subordinados por lenguaraces. Dado que la operación fue llevada a cabo por la Guardia Civil, el titular de Interior se colocaba en las antípodas de Magdalena Alvarez, que amenazaba casi físicamente a quien sugiriera la salida de información de su departamento. Al enemistarse con "las propias" fuerzas policiales, el ministro desobedece -quizás por exceso de autoconfianza tras el descabezamiento etarra-, una de las valiosas máximas de Mario Puzo. "La amistad lo es todo, es más que el Gobierno y casi tanto como la familia".
Si Bono y Rubalcaba se sienten traicionados por la desafección de "los propios", Garzón acusa a los más íntimos de una persecución en toda regla. Su invectiva contra la fiscalía de la Audiencia Nacional, al expedir el ya célebre certificado de defunción penal de Franco, rezuma la amargura de quien se siente traicionado por los compañeros de etapa. Tal vez por ello compuso un auto shakespeariano, mediante el cual expulsaba a sus demonios y enarbolaba sus fantasmas o viceversa. Al novelar la Guerra?Civil con una estructura de guión cinematográfico, se le conjetura desasosegado, puesto que no ha logrado convencer a "los propios" de que el franquismo era peor de lo que pensaban. Sería prematuro aventurar que Mario Puzo no tendría nada que añadir al respecto. Para quienes incurren en el maniqueísmo se reservaba su salomónico "amigo o enemigo, a un invitado siempre hay que invitarlo a beber".
Bono, Garzón y Rubalcaba -un texto con pretensiones culturales añadiría a Ramón Calderón, desmelenado contra "el propio" Florentino Pérez- han exteriorizado simultáneamente su decepción ante la escasa fiabilidad mostrada por "los propios". Sus quejas causan extrañeza, porque los tres políticos mencionados han afinado su extraordinaria capacidad de supervivencia a base de discernir las variantes de la amistad, con la enemistad como una de las más recurrentes. O por expresarlo en el lenguaje de un artículo que cuenta con la coautoría de Mario Puzo, "desde mi punto de vista, todo el mundo debería ir a la silla eléctrica o a la cárcel, si hacen algo malo. Excepto si son amigos míos".

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