15 de febrero de 2018
15.02.2018

Estados Unidos amenaza a la UE por reservar a la industria europea sus contratos de rearme

El titular de Exteriores británico califica de "intolerable y antidemocrático" que las autoridades de Londres tengan que acatar la legislación comunitaria durante una eventual transición

15.02.2018 | 02:14

Los recelos estadounidenses sobre los planes de defensa europeos marcaron ayer en Bruselas la reunión de ministros de Defensa de la OTAN, en la que Estados Unidos insistió en que el gasto militar de los aliados ha de ser del 2% del PIB en 2024. España, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Italia, Portugal, Noruega y Dinamarca ya han advertido que no cumplirán.

Pero lo que más duele a Estados Unidos es la Cooperación Estructurada Permanente (Pesco) entre una mayoría de socios de la UE, que busca relanzar el proyecto de una Europa de la Defensa y reserva las inversiones militares a la industria europea. "Si (EE UU) quiere participar en la Pesco en igualdad, se necesita una relación de igual a igual, porque un país europeo no puede suministrar material de defensa al mercado americano", explicó una fuente de Bruselas.

La embajadora de EE UU ante la OTAN, Kay Bailey Hutchinson, amenazó a la UE con consecuencias para la unidad de la Alianza en respuesta al proteccionismo.

Los aliados abordaron la iniciativa de la UE durante una cena de trabajo con la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini.

Otro de los asuntos peliagudos que sobrevolaron la reunión de dos días es la ofensiva de Turquía en el norte de Siria contra las fuerzas kurdas -aliadas de Washington- y que, para el secretario de Estado norteamericano Rex Tillerson, debilita la lucha contra el grupo yihadista Estado Islámico.

En Londres, entre tanto, el ministro de Exteriores británico, Boris Johnson, pronunció un discurso sobre el "Brexit" en el que -además de tratar de convencer a sus conciudadanos de las bondades de una salida de la UE- se rebeló contra la pretensión de Bruselas de que durante un eventual periodo de transición rijan en Reino Unido las normas comunitarias, aunque Londres ya no tenga voz en su establecimiento y aplicación. Johnson calificó de "intolerable y antidemocrática" esa pretensión y añadió que "los británicos no pueden aceptar que las leyes que afectan a sus vidas diarias les sean impuestas desde el extranjero, cuando no tienen poder para elegir a quienes las dictan".

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