"En el agua algunos empezaron a delirar y a rezar en alto"

El maquinista arousano del "Mar Nosso" relata la trágica espera antes del rescate

20.04.2014 | 04:14

Francisco Manuel Albitres Lema ya está en su casa de O Vento (Vilagarcía). Llegó el Viernes Santo por la noche, y ayer fueron muchos los vecinos y parientes que pasaron a saludarle. Algunos, al encontrarle en la calle, corrían a abrazarse a él. "Volveches a nacer", le espetó una mujer. "Ai Francisquiño, que susto nos deches", le dijo otra antes de fundirse con él en un abrazo.

El marinero, que el día de Jueves Santo sobrevivió al naufragio del Mar Nosso en la costa asturiana tras pasar dos horas en el agua, también recibió numerosas llamadas telefónicas de apoyo. Una de ellas fue la del secretario xeral de la Consellería do Mar, Juan Maneiro, un vilagarciano que en su día fue compañero de estudios de Albitres.

Hablaron cinco minutos, y el marinero aprovechó la confianza de los viejos conocidos para darle su opinión sobre el largo y penoso conflicto de la "xarda". "Hemos pedido más cupo, pero la xarda va a mitad de precio que el año pasado. Al final los armadores pierden dinero", aseveró.

Albitres Lema tiene la cara llena de cortes y magulladuras. Tras el rescate le ingresaron en el hospital asturiano de Cabueñes por una hipotermia severa, pero en el cuerpo del maquinista naval arousano hay otros rastros de la tragedia, y además de las heridas de la cara sostiene que le duelen los pulmones "porque tragué mucha agua con gasoil".

Anímicamente se muestra afable, aunque reconoce que sus sentimientos son encontrados: alegría por haber sobrevivido y estar ya con su familia; y un profundo dolor por haber perdido a compañeros con "los que desayuné, comí y cené prácticamente a diario durante el último año". Albitres explica que en el momento del accidente estaba en la sala de máquinas. "Vi que el barco escoraba hacia babor y salí rápidamente hacia arriba. En la borda vi como a uno de los mis compañeros le caían delante unas tablas y como otro se quedó paralizado por el pánico. Le decíamos que saltase pero él estaba inmóvil, como aterrado. Es uno de los que falleció".

Fueron momentos de confusión, en los que "todo ocurrió muy rápido". En cuanto a la hipótesis más extendida de que fuese el sobrepeso del lance lo que ocasionó el trágico vuelco, Albitres recuerda que "el contramaestre desembragó la maquinilla para soltar rápido el saco, pero no sé que pasó. En otras ocasiones se levantaron lances más pesados e incluso con mal tiempo y nunca pasó nada. Además, cuando viene un lance muy fuerte aún se tarda un cierto tiempo en virar. Yo descartaría esa hipótesis. Ahí ha tenido que haber una fatalidad que yo mismo soy incapaz de comprender. Quizás el aparejo quedó enganchado en algo y vino una ola que ayudó a escorar. Pero son solo hipótesis. Yo estaba abajo y por ahora ni siquiera he hablado con mis compañeros".

El arousano saltó al agua, como otros de la tripulación. Les esperaba una terrible odisea que no todos superaron. "Eché dos horas en el agua con una camisa, que es la ropa con la que se trabaja en máquinas con este tiempo. No tenía ropa de aguas pues ni tuve tiempo de cogerla. Fue todo muy rápido".

Según Albitres, el rescate se demoró porque "las alarmas y las balsas salvavidas saltan cuando el barco va al fondo, pero en nuestro caso volcó y quedó con la quilla para arriba. Hay que mejorar los sistemas de seguridad que se les exigen a los barcos". El maquinista naval rememora la dureza de esa espera. "En un momento así lo importante es el factor psicológico, no derrumbarte. Hubo gente que salió del barco y saltó al mar pero que no sobrevivió. Cuando ya estábamos en el agua supe que seguramente no todos aguantaríamos cuando escuché a compañeros míos delirar y rezar en alto. Lo que me salvó a mí fue pensar en mi familia. Eso fue lo que me mantuvo en pie".

Francisco Manuel Albitres Lema, de 55 años y conocido en su aldea natal de O Vento como "O Rubio", tiene una dilatada experiencia en el mar. En su juventud hizo estudios navales, para enrolarse como maquinista, y trabajó en barcos, aunque posteriormente pasaría gran parte de su vida como camionero. Viajó por media Europa con el camión, y hace unos años quedó en el paro, por lo que volvió al mar. Hizo varias mareas en el Gran Sol, fue maquinista de un congelador en las islas Malvinas y desde hace un año trabajaba como maquinista en el Mar Nosso.

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