13 de diciembre de 2016
13.12.2016
atletismo

Loly García llega a la meta final

La atleta, esposa de Álvarez Salgado, se retira tras 52 años dedicada al atletismo

13.12.2016 | 11:16

En brazos de su hijo Javier cruzó el domingo la meta de la Subida ao Castro la atleta Loly García, que certificaba también su triunfo en el circuito Run Run Vigo en la categoría de F-4 (de 1976 y anteriores). Fue su última carrera después de 52 años dedicada a un deporte que ha sido para ella una forma de vida y gracias al que conoció a su marido ("el amor de mi vida"), el ex olímpico Javier Álvarez Salgado. Un desgaste de cadera que le provoca un intenso dolor le obligan a parar. Se amontonan los recuerdos, las emociones. "Así es la vida, todo se acaba", se resigna.

La atleta Loly García, esposa de Álvarez Salgado, se retira tras 52 años dedicada al atletismo. //José Lores

Después de 52 años corriendo, desde su debut como atleta del Celta allá por 1964, el cuerpo de Dolores García, más conocida como Loly García, ha dicho basta. Un desgaste de cadera, descubierto hace un par de años, le han obligado a cambiar su "forma de vida". La carrera del domingo de la Subida ao Castro fue la última para ella.

"No pude dormir nada la noche antes de la carrera, porque me venía a la cabeza mi abuela, que nos traía a O Castro, que era por aquel entonces el único sitio donde había un parque infantil en Vigo. Empecé mi vida viniendo al parque infantil de O Castro y termino mi vida atlética en la Subida ao Castro y cierro un ciclo que duró 52 años", indicaba tras la carrera.

Loly García cruzó la meta de O Castro en brazos de su hijo Javier. En la meta su familia la esperaba en la que iba a ser una de las carreras más importantes de su vida, la de la despedida. No faltó, por supuesto, su marido, "el amor de mi vida", el ex olímpico Javier Álvarez Salgado, al que conoció en Balaídos el año en el que se convirtió en atleta. Se casaron en 1969.

"Tengo una hermana en Alemania y me envió un mail diciéndome que no se podía creer que me fuera a retirar", cuenta Loly, que fue céltica toda su vida hasta que en la temporada 2014/15 se cambió al Athletics. "Mi vida siempre giró en torno al atletismo, gracias al que también conocí a Javier, con 14 años, en Balaídos. Entonces las pistas eran de ceniza y nos duchábamos con agua fría en el estadio porque no había ni calentador", bromea.

Loly tiene muy vivos los recuerdos de aquellos inicios en los que su hermano Rafael (que llegó a ser campeón nacional de 1.500) le comentó a su madre que el Celta iba a hacer un equipo de mujeres y que Loly, "que estaba un poco flaca", podía ir a probar. "Mi madre me cortó un pantalón de mi hermano y me presenté con unas zapatillas enormes prestadas", recuerda ella. Eso fue en 1964. "Coincidió con los Juegos de Tokio. Recuerdo que me senté a verlos y dije: esta es mi vida; no puedo hacer otra cosa que no sea correr", rememora.

Para la atleta es muy difícil elegir los mejores momentos que le ha dado el atletismo. "Es muy difícil... Recuerdo cuando me convocaron con 15 años para la selección española, fui la primera mujer que formó parte del combinado nacional en el año 66. Se te amontonan los recuerdos...", se emociona.

El suyo fue un debut triunfal en los Campeonatos de España al aire libre cuando aún no había cumplido los 15 años. En el recinto madrileño de Vallehermoso, en 1965, fue subcampeona de 800 metros. En agosto de 1966, en el estadio Heysel de Bruselas, se convirtió en atleta internacional y también fue la primera española en bajar del minuto en el 400.

En el campeonato de España de pista cubierta de 1968, disputado en el Palacio de los Deportes, Loly García se llevó el título nacional de 800. Ya alejada de las pistas, optó por el atletismo popular y fue en su etapa de veterana donde siguió cosechando éxitos como sus plusmarcas en medio maratón: 1h22:02 en 1995 y 1h24:30 en 1996. En la categoría de 60 años se situó en la cúspide en 800 metros (2:50.6), y en 1.500 (5:37.96), ambas en Vigo en 2011. Además se ha visto recompensada con medallas en Campeonatos de Europa (1994 y 1995) y del mundo (1995).

"Empecé corriendo con la selección española y ahora termino con una carrera muy popular y estoy encantada de la vida, pero al mismo tiempo también un poco triste. Llevo 52 años haciendo lo mismo. Incluso cuando trabajaba salía de casa e iba corriendo, me cambiaba en el trabajo y seguía; y cuando estaba de baja por mis hijas, les daba el pecho en Balaídos, les cambiaba el pañal y me ponía a correr". No había tregua, el ánimo nunca desfallecía. Era su gran pasión. "Nunca más. No puedo seguir. Me preparé un mínimo para la Subida ao Castro, pero he sufrido mucho. Porque este desgaste me provoca un dolor intenso de arriba abajo por toda la pierna", reconoce. "Ahora caminaré, haré gimnasia en casa. Quieta no puedo estar", anuncia.

Reconoce que se va con un "bonito recuerdo", pero que lloró mucho al asumir que había llegado el fin. "Tengo mucho amor propio y para competir tengo que hacerlo bien. Si no puedo correr en condiciones, no sigo".

La corredora, en Samil. // José Lores

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