09 de noviembre de 2016

Rumanía celeste

"He venido a este equipo porque es muy bueno", revela Cristian Potor, uno de los niños becados en la escuela céltica de Brasov

09.11.2016 | 04:56

Son doscientos los deportistas que visten de celeste en Brasov, localidad rumana donde el Celta ha abierto su primera escuela europea fuera de España. Muchos de ellos sueñan con ser profesionales y cinco de ellos disponen de una beca que les ayuda en su objetivo. Aunque incipiente, el celtismo comienza a latir con fuerza en Transilvania.

Cristian Potor tiene 16 años y es uno de los cinco becados para formarse en la escuela de fútbol que el Celta abrió este verano en la ciudad rumana de Brasov, el primer paso en su expansión por Europa.

Este adolescente, que vivió con sus padres en Arganda del Rey (Madrid) durante varios años, no se lo pensó dos veces al conocer la apertura de la escuela, que contó con la presencia del presidente del Celta, Carlos Mouriño, en su inauguración a principios de junio.

Nada más enterarse de que el club celeste se disponía a abrir un centro de formación, contactó con sus dirigentes para demostrar su valía como jugador e intentar cumplir así su sueño de convertirse en futbolista profesional algún día.

"He venido a este equipo porque es muy bueno, quiero jugar un fútbol de gran nivel y debutar en el futuro en un club profesional", confiesa el júnior de primer año bajo la atenta mirada de su padre, que ha viajado 170 kilómetros desde la ciudad de Tirgu Mures para ver el partido de su hijo.

Para cubrir gastos recibe unos 1.200 lei (unos 266 euros) al mes de la "Escuela Celta Brasov", nacida gracias a un acuerdo entre la entidad viguesa, el club de fútbol Coltea 1920 Brasov y el ayuntamiento de esta ciudad, situada en el corazón de Transilvania y a unos 200 kilómetros de distancia de Bucarest.

Con más de 200 deportistas y 17 categorías, incluido fútbol femenino y fútbol sala, además de atletismo, natación y, en el futuro, baloncesto, esta escuela pretende destacar como referente nacional en la formación de jugadores.

El Celta, que cuenta con tres escuelas en México (Campeche, Ciudad del Carmen y Guadalajara) y está a punto de inaugurar otra en Argentina, apuesta por la calidad más que por la cantidad de centros para que su marca crezca en el extranjero como equipo serio y fiable, como explica su director deportivo en Rumanía, Héctor Queijeiro.

"El objetivo primero es la expansión de la marca Celta de Vigo, dar a conocer a nuestro club, crear alianzas con entidades locales, fomentar y transmitir lo que es el Celta, el celtismo, su metodología de trabajo y su estructura", cuenta Queijeiro, mientras sigue un encuentro y no oculta su entusiasmo por este desafío profesional.

En colaboración con el club histórico de la ciudad de Brasov y el ayuntamiento se incluyen cursos de formación para entrenadores tanto en Rumanía como en España, así como cinco becas al año para que los jóvenes futbolistas muestren sus habilidades en Vigo.

"Nos gustaría que los jugadores rumanos pudiesen viajar a España, conocer las instalaciones, los medios, los recursos, que puedan participar en la actividad diaria del Celta", prosigue Queijeiro.

La primera academia del equipo gallego en Europa surgió gracias a Ciprian Jurubescu, presidente del CS Coltea 1920, que, con su esfuerzo para poner en marcha una entidad que relance el fútbol base en su país, supo atraer al club gallego a Rumanía. "A través de un amigo español llegué a una empresa de ropa deportiva de Vigo que patrocinaba en aquel momento al Celta y de ahí empezamos a tener relaciones", cuenta Jurubescu sobre cómo se fraguó la colaboración hace más de un lustro.

Este apasionado del fútbol revela que ya hay padres de jugadores interesados en desplazarse a Vigo para asistir a un encuentro de un club que empieza a ganar aficionados en la ciudad y hacerse un hueco en sus corazones. "He traído un escudo que pesa y poco a poco se lo estamos enseñando a todos los niños", afirma sobre la importancia que da a transmitir lo que es el Celta.

Jurubescu recomienda a los clubes españoles que se expandan en el extranjero, donde casi sólo se conocen los nombres de gigantes como Real Madrid, Barcelona y, últimamente, Atlético de Madrid. "Al final, con un poco de cariño y muy poca inversión se produce un crecimiento de la marca y se generan ingresos desde el extranjero", considera.

El propietario del club rumano asegura que tuvo muchas ofertas de equipos que querían vender sus franquicias, pero se decantó por el Celta de Vigo porque valora su proyecto a largo plazo y su filosofía formativa: "Si solamente piensan en vender una marca y vender tres camisetas, no me interesa. Pero si apostamos por el fútbol de calidad, entonces hablamos el mismo idioma".

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