Sin Iniesta no hay paraíso

Con el manchego muy apagado, la selección española no encontó soluciones

23.06.2016 | 04:55
Rakitic e Iniesta se abrazan al final del partido. // Sergio Pérez

Frente a Croacia, la selección española tuvo un poco de todo: momentos de lucidez, de despiste, se sintió dominadora y dominada. Pudo ganar, tuvo el empate al alcance de la mano y acabó perdiendo cuando acariciaba uno de los dos resultados que le servían para acabar primera de grupo. El partido tuvo, por tanto, todos los ingredientes lógicos de un torneo como la Eurocopa, donde hay pocos rivales complacientes. Lo único que se salió de la norma fue la desangelada actuación de Iniesta, que había puesto el listón muy alto en las dos citas anteriores. Unos magníficos Cesc y Silva disimularon la mala noche del manchego en la primera parte. Pero después, cuando Croacia dio un paso adelante, Iniesta siguió desaparecido. Y, tal como ha diseñado el equipo Del Bosque desde la marcha de Xavi Hernández y Xabi Alonso, sin Andrés no hay paraíso para España.

El plan B funcionó a medias. Del Bosque ha dipuesto para esta Eurocopa con un esquema táctico 4-1-4-1, con Busquets como único mediocentro, que le abre grandes posibilidades a la selección cuando es claramente superior a su rival. Así sucedió frente a la República Checa y Turquía, sometidos por la calidad de los españoles, que acapararon el balón y lo recuperaron muy arriba en las escasas ocasiones que perdieron su control. Pero el lunes Croacia demostró que en esta Eurocopa hay equipos capaces de plantar cara a la doble campeona. Los croatas, aún sin Modric, se hicieron fuertes en el centro del campo con jugadores fuertes físicamente, rápidos y con buen pie, especialmente Rakitic. En el primer tiempo, al margen de algunos despistes en la salida del balón, España se impuso en amplios tramos. Pero el inicio de la segunda parte dejó al descubierto los problemas en el balance defensivo. Busquets se quedó muy solo en un amplio terreno invadido por los croatas y Del Bosque tuvo que echar mano del plan B, de Bruno. Aunque el marcador final no le dio la razón, el retoque funcionó y la última media volvió a ser de color español. A ese dominio sólo le faltó el toque final, ese que suele darle Iniesta, que sólo tuvo un fogonazo en toda la noche digna de su clase: el balón picado para la llegada de Silva que acabó en el penalti fallado por Sergio Ramos.

Un desliz inexplicable. Si Ramos hubiese embocado, probablemente todos los análisis sobre los defectos de España hubiesen quedado difuminados por un resultado favorable. Pero la jugada que más debe de preocupar a Del Bosque para el futuro es la del segundo gol croata. Es impropio que una selección con la trayectoria reciente de la española caiga en el error del minuto 86. Después de un partido con tantas alternativas, con un marcador favorable a sus intereses y una disposición táctica que favorecía el equilibrio defensivo, resulta inexplicable la facilidad con que Croacia tiró la contra definitiva. Que el disparo de Aduriz rebotase en un defensa no debería de haber tenido mayores consecuencias si cada jugador, o al menos alguno, hubiese guardado su posición. Con un par de pases los croatas se encontraron con un dos contra dos a campo abierto. Ni rastro de los laterales, ni de los dos mediocentros. A Kalinic, frenado por Ramos, le bastó lanzar a Perisic en profundidad para que probase su velocidad y, con un poco de fortuna batiese a De Gea.

Recuperar a Andrés. Por estos y otros detalles, Del Bosque tiene trabajo. Espera Italia, una selección siempre incómoda, pero a la que España no debe temer en condiciones normales. Pese al bajón por el resultado contra Croacia, la selección volvió a demostrar que es competitiva y que tiene alternativas en función de la marcha de los partidos. El principal problema que aparece en el horizonte es la "iniestadependencia". España sigue teniendo superávit de centrocampistas, de jugadores que comparten un mismo estilo de fútbol y que en una buena noche son capaces de someter a cualquier rival. Cesc y Silva lo demostraron en el primer tiempo del martes. Y, si se descuidan, ahí están Thiago y Koke. O Bruno como una opción más conservadora. Pero la llave para que la Roja pase de candidata a favorita es Iniesta. Sin la inspiración de otros días, el barcelonista arrastró a la inoperancia a sus compañeros de banda, Jordi Alba y, especialmente, Nolito. El seleccionador croata había estudiado perfectamente a España y blindó ese flanco. Además de Srna, magnífico en defensa y en ataque, Ante Cacic minimizó el peligro español con dos jugadores de largo recorrido y pierna fuerte como Rog y Pjaca. Consiguió que Jordi Alba apenas llegase a la línea de fondo y que Nolito se quedase tan aislado que sólo le quedó el recurso de la jugada individual, sin éxito. En algún momento de la segunda parte dio la impresión de que el mal partido de Iniesta tenía que ver con su estado físico. En ese sentido, los dos días de margen que suponen el segundo puesto pueden venir bien.

de gea, bajo la lupa. Si el martes hubiese estado Casillas en la portería española, a estas horas el ruido del debate nacional alcanzaría niveles insoportables. Pero estaba De Gea y su actuación sólo se medirá, en líneas generales, desde una perspectiva puramente deportiva. En ese sentido el guardameta del Manchester United no sale muy favorecido. Y más que por los goles, por otras intervenciones en las que no le vio todo lo seguro que se espera de un jugador de su categoría. Sobre todo, en la indecisión que dio lugar a la carambola larguero-poste de Raktic y en una salida en el segundo tiempo en el que dejó el balón muerto en el área. El 2-1 admite matices. Cierto que el balón se coló pegado al poste que debía de cubrir, pero tiene la coartada del roce de Piqué.

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