El derbi más grande de Europa

El Atlético de Madrid busca su primer título y el Madrid la undécima Copa de Europa en un duelo de estilos que confirma el dominio del fútbol español - El potencial goleador blanco desafía al rigor táctico colchonero

28.05.2016 | 04:55
Cristiano controla un balón durante el entrenamiento de ayer del Real Madrid. // Reuters

Un Madrid plagado de estrellas contra un Atlético reconocido como el bloque más hermético. El club más distinguido de Europa, con diez títulos, frente al vecino ansioso por estrenarse tras dos intentos fallidos. La delgada línea entre una temporada deprimente o gloriosa, en claro contraste con la ilusión de unos jugadores y una afición que se han liberado de complejos. En Milán se cruzarán dos equipos, dos estilos y dos entrenadores que transmiten en su variedad la pujanza del fútbol español. Por distintos caminos han llegado al punto de encuentro culminante de la temporada. San Siro será el escenario en el que se junten el hambre voraz (Atlético) con las ganas de seguir comiendo (Madrid).

Pese a que, aparentemente, el Madrid se juega más, los días previos han remarcado el diferente talante a la hora de afrontar el partido entre los dos finalistas. Algo que tiene que ver, sobre todo, con el carácter de sus entrenadores: Zidane no ha apeado la sonrisa, ni cambiado las rutinas de la plantilla, demostrando un dominio de la situación sorprendente en alguien que lleva sólo cinco meses en el banquillo de uno de los clubes más exigentes del mundo; Simeone ha llevado al extremo la disciplina que impone a sus jugadores, con entrenamientos herméticos y algunos detalles que tienen que ver con sus manías y supersticiones.

A fin de cuentas, los finalistas reflejan los que fueron sus entrenadores cuando se calzaban las botas: un Madrid sobrado de calidad, que mira más hacia la portería contraria que la propia, pero con la disciplina táctica de la que Zidane se empapó en su paso por la Juventus; y un Atlético metódico, siempre dispuesto al trabajo, al sacrificio y, como Simeone en sus años de futbolista, no duda en recurrir a cualquier estratagema para lograr su objetivo.

Al igual que hace dos años, en Lisboa, el Madrid llega marcado por su dependencia de la BBC, su tridente de ataque. Pero dos de ellos, Benzema y Cristiano, jugaron en malas condiciones físicas, mientras que Bale aún no tenía el peso que se ha ganado en el equipo. Ancelotti, que contaba con Zidane como ayudante, también tuvo que improvisar en el centro del campo por la sanción de Xabi Alonso. Si confianza en Illarramendi, prefirió a Khedira, recién salido de una larga lesión. Ahora, con Casemiro, ha encontrado el equilibrio que tantos quebraderos de cabeza dio al técnico italiano.

El Atlético, al igual que el Madrid, llega con su "once" ideal disponible. Un equipo que ha sido capaz de tumbar a dos de los grandes favoritos de la competición, el Barcelona y el Bayern Munich. Y que ha demostrado su capacidad para afrontar todas las variantes posibles a lo largo de un partido:presión alta y ataques rápidos, repliegue y contragolpe, o capacidad para resistir en torno a un gran portero, Oblak, el acoso del rival. Respeto a la final de Lisboa, su aparición más fulgurante ha sido la de Saúl, un centrocampista completo. Augusto, Fernández, otra de las novedades, cumple casi exactamente la función que entonces correspondió a Tiago, que vuelve a estar disponible tras una larga lesión. En ataque, después de muchas dudas y pruebas, Simeone ha encontrado en el tándem Griezmann-Fernando Torres la guinda del pastel. En Lisboa se rompió muy pronto el de Villa y Diego Costa por la lesión del hispanobrasileño.

"Es el partido más importante de mi vida". La declaración de Fernando Torres representa el espíritu del Atlético de Madrid ante el partido de un jugador veterano, que ya disputó y ganó una final de la Copa de Europa (con el Chelsea), pero que vibera con un equipo que siente suyo. Unos futbolistas que se han tomado al pie de la letra el lema que les ha acompañado durante toda la competición:"Nunca dejes de creer". Algo fundamental para un club castigado por el desenlace cruel de sus dos únicas finales europeas.

Por supuesto, también en el Madrid hay gente comprometida con el club y con lo que representa. Por ejemplo, Sergio Ramos, el héroe de la Décima con su gol al límite que dio paso a la prórroga. Ramos, que ha heredado el brazalete de capitán que Casillas llevó en Lisboa, tardó diez años en levantar el trofeo más deseado y, dos después, llega con el mismo hambre:"No tenemos menos ganas que el Atleti por haber ganado hace dos años". Otros futbolistas de sangre menos caliente parecen ser conscientes de la responsabilidad que afronta el Madrid. Como ejemplo, las palabras del alemán Toni Kroos:"Para que sea una buena temporada a juicio de la opinión pública, debemos ganar este último partido".

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