Las cosas claras

 

Ramón Fernández Vilaboa - Redondela

No termino de entender el poder de destrucción existente en esta España de aquello que marcha relativamente bien o por lo menos que la ciudadanía así lo considera. ¿A qué viene tanto empeño en deshacer lo que está, o parece, bien hecho, sea del color que sea el gobierno que nos mande?
Siempre pensé que nuestros gobernantes deben ocupar su tiempo en mejorar aquello que ven que puede ser mejorado o aquello que está criando desconcierto a la sociedad, así como ver de mejorar lo que los ciudadanos le están reclamando (que en la mayoría de los casos la misma sociedad se lo da hecho) independientemente de que también propongan sus ideas y criterios. Pero no es así, rompen su cabeza más en pensar cómo poder complicarle la vida a los contribuyentes y que a éstos le pase lo que a mí: intentar ver el porqué de estos casos incomprensibles e incluso que considero ilegales
Son muchas las cosas que están y marchan mal, pero también son varias las que tienen un alto grado de aceptación de como se llevaban y que ahora no hay por donde cogerlas; así cada día sale una ley sobre otro. Pero en este caso concreto me quiero referir al porcentaje que el trabajador tiene obligación de pagar a la farmacia por el medicamento recetado por los facultativos. Hasta la fecha, creo, o si no que el mismo lector me corrija, era el 45%; ahora, ¿alguien me sabe decir cuánto es tal y como te entregan el medicamento las farmacias?
Porque si algo estaba bien era que en el envase del medicamento, a parte del tíquet que la farmacia le quita para unir a la receta, sí traía reflejado el coste de éste, pero es que ahora ni siquiera el mismo tíquet con el que se queda la farmacia tiene reflejado el precio.
Por eso, yo, sin ser mal pensado, al no saber el coste de una cosa que por ella me cobran una determinada cantidad, no puedo por más que me esfuerce saber qué porcentaje estoy pagando por ella, y se trata de un medicamento que necesito, que pueden pensar incluso que lo estoy pagando al 100%; los códigos de barras no todos los entendemos ni tenemos lectores de los mismos.
De ahí que diga que, si una cosa está bien como estaba, ¿por qué se pone mal?, ¿por qué se busca la forma para que los ciudadanos tengamos que desconfiar de todo?, ¿a quién benefician estas cosas?, ¿cuál es el interés que hay en oscurecer las cosas al ciudadano¿, ¿no se trata que día a día las cosas sean más transparentes y más entendibles para todos? Pues parece que no interesa. Lo triste de todo ello es que a los que permiten o hacen esto, los ponemos nosotros en esos puestos para que se mejore y simplifiquen las cosas, no para que nos las compliquen.

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