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Cien lecturas del hombre que amaba los libros

El canon espiritual de David Bowie figura en una biblioteca de bolsillo con los títulos que le ayudaron a cambiar su vida

Bowie en 1995, leyendo un libro sobre Francis Bacon.  // Rex Features

Bowie en 1995, leyendo un libro sobre Francis Bacon. // Rex Features

La vida, según Spike Milligan, es una larga enfermedad agónica que solo se cura con la muerte. Los libros ayudaron a soportar la "agonía" de David Bowie, que había elegido "Mala pinta" del humorista irlandés entre sus cien lecturas favoritas.

Bowie era un lector insaciable. De adolescente en Bromley, un barrio del sureste de Londres, su hermano mayor Terry lo atrajo a la contracultura beat. Más tarde, en los setenta, enloquecido por la cocaína se quedaba despierto toda la noche inhalando libros de ocultismo de su biblioteca portátil de 1.500 volúmenes de bolsillo. En 1998, con su ritmo de vida más enderezado, escribió críticas literarias para Barnes & Noble. Con una formación incompleta desde niño, reconstruyó su vida a partir de pedazos de las cosas que amaba: no solo literatura y música, sino también cine, arte, personas y lugares. Mientras que Bob Dylan, también muy leído, prefería ocultar sus fuentes, Bowie hizo exhibición de ellas en su museo personal donde algunos de sus libros favoritos colgaban del techo como objetos móviles. Cuando el líder de LCD Soundsystem, James Murphy, admitió que había saqueado el catálogo de su héroe, Bowie respondió amablemente: "No puedes robarle a un ladrón, cariño". En una entrevista en 1972, él mismo reconoció: "A veces no me siento una única persona, solo soy una colección de voces de otras".

En realidad los libros fueron para Bowie la inspiración de su trabajo a lo largo de toda su carrera, una de las más influyentes de la historia del pop. Desde "En la carretera", de Jack Kerouac, en adelante resulta fácil intuir gran parte de su futuro: su necesidad de salir de Bromley a un mundo más grande, su concepción del arte como una búsqueda espiritual, incluso algunos de sus métodos de trabajo.

Su introducción a la posmodernidad la tuvo "En el castillo de Barba Azul: aproximación a un nuevo concepto de cultura" (1971), de George Steiner; en realidad se convirtió en el libro que confirmaba que había algún tipo de teoría sobre lo que estaba haciendo. "La tierra baldía" (1922), de Eliot, le sirvió para darse cuenta de que el diálogo constante del poeta con sus predecesores no forma parte exclusivamente del pasado sino también de una especie de simultaneidad intemporal.

"El club de lectura de David Bowie", del periodista John O'Connell, que acaba de ver la luz gracias a Blackie Books, interpreta esa cosmología literaria a través de la lista de los cien títulos que cambiaron la vida del mito. Era solo cuestión de tiempo antes de que alguien escribiera un libro sobre el "Top 100 Must Read Books", publicado en 2013 y que se convierte en manos de O'Connell en el andamiaje perfecto para una interesante biografía alternativa. En ella figuran Homero, Flaubert, Lawrence, Waugh, Nabokov, Camus, Faulkner, Scott, autores afroamericanos, un puñado de novelistas modernos de habla inglesa cuyos intereses se entrecruzan con los suyos, arte, filosofía, misticismo y ciencia ficción. Solo dos autores figuran con un par de títulos cada uno: Orwell y Burgess.

Precisamente, en 1973, Sonia Orwell le partió el corazón al negarle permiso para adaptar la última novela de su difunto esposo a un musical de rock. Probablemente le hizo un favor porque la distopía febril posglam de "1984" que dirigía sus sueños hubiera sumado un fracaso en aquella etapa confusa de "Diamond Dogs".

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