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José Luis Gil Sanz: "Es un lujo ponerse en las botas de Cyrano"

El famoso actor, célebre por sus papeles en las teleseries "La que se avecina" y "Aquí no hay quien viva", llega mañana por fin a Vigo con Cyrano de Bergerac, el personaje de su vida. Quedan muy pocas entradas a la venta

José Luis Gil, en la piel -y nariz- de Cyrano de Bergerac. // F. Díaz de Mendoza

El de José Luis Gil Sanz (Zaragoza, 9 de diciembre de 1957) es un rostro popular desde 2003, cuando empezó a encarnar al señor Cuesta en "Aquí no hay quien viva", y una voz reconocible desde hace mucho más tiempo, como actor de doblaje de estrellas de Hollywood como Patrick Swayze, Hugh Grant, Woody Harrelson y el Buzz Lightyear de "Toy Story". "Donde hay una única función hay que dejarse la piel", dice el actor maño, que ha representado con éxito Cyrano en Pontevedra y Ourense y mañana sábado lo hará en Vigo.

- Ha tardado hacer Cyrano, y eso que lleva desde niño en las tablas y ha sido siempre su personaje favorito.

-Sí, lo descubrí muy joven. Estaba estudiando arte dramático, con 12 o 13 años, mientras hacía televisión en los Estudio 1 [histórico programa de Televisión Española que emitía representaciones teatrales]. Lo hacíamos como ejercicio actoral de verso. Me sirvió para descubrir la obra entera. Es un personaje maravilloso. Hay gente a la que lo del verso le tira para atrás, y yo siempre digo que la obra es en verso, pero no en húngaro, que la van a entender.

- [Risas].

-Es una comedia romántica que habla del amor, de la arrogancia, de la amistad, de la manipulación, con ese personaje tan honesto e íntegro, siempre me pareció un privilegio para poder interpretarlo. Nunca pensé que lo podría representarlo, pero he visto todas las versiones que he podido. Lo han interpretado actores muy dispares y siempre funciona. Mi mayor referencia era la de José Ferrer, que lo hizo en 1950 y se llevó un Óscar. Hay otra referencia en cine, que es la de Gerard Depardieu en 1990. Son estilos opuestos, pero igual de potentes y carismáticos. La obra está tan bien escrita que el mismo día de su estreno, en 1897, se convirtió en un clásico. Muestra toda la maestría de Edmond Rostand.

- La mayor parte del público español está familiarizado con la obra por la película protagonizada por Gerard Depardieu que citaba.

-Sí, y estamos hablando de una versión de hace 28 años. Ya ha pasado una generación y pico sin noticias de este personaje, que tendría que estar representándose constantemente. Los clásicos como Cyrano son la cuna del teatro en estado puro. La gente tarda muy poco en identificarse con la historia. Tiene también una parte de espectáculo, con duelos a espada, música, una parte audiovisual... Y la historia es atractiva incluso para un crío: es un mosquetero enamorado, que por su defecto físico se muestra incapaz de mostrarle su amor a la persona que ama por temor a ser rechazado. Ella se enamora de un mosquetero nuevo y Cyrano decide completar la falta de elocuencia que tiene ese mosquetero joven, y entre los dos componen el amante perfecto, con el físico y la palabra. Como él dice, "entre los dos, bajo su tutela, convertirse en un héroe de novela".

- Precisamente este año es el cuarto centenario del nacimiento de Cyrano de Bergerac, el personaje real, poeta y dramaturgo, que fue contemporáneo de Molière.

-La obra está basada en ese personaje, aunque está muy pegada al siglo XX, se estrenó en 1897. Fue un personaje bastante desagradable, por cierto. Tengo bastante información sobre él, incluso un libro que escribió sobre la Luna, y era bastante mal encarado y pendenciero, poco de fiar. Edmond Rostand lo convirtió en todo lo contrario, en un personaje noble y orgulloso, que no deja que hagan chistes sobre su nariz pero no porque no sepa que tiene una nariz grande, sino porque no cree que tengan talento suficiente como para decir algo gracioso. Es él el que hace broma de sí mismo y de su nariz. Es un tipo hábil con la espada, pero sobre todo muy brillante: es dramaturgo, poeta, se expresa maravillosamente.

- Dice que reconoce una gran parte de Cyrano en usted. ¿A qué aspectos se refiere, aparte de a su nariz?

-Aparte de mi nariz, por supuesto [risas]. Es muy fácil. ¿Quién no tiene un Cyrano dentro? ¿Quién no se ha enamorado de la persona que no era la correcta y ha tenido que mantenerlo en silencio? O se ha enamorado pero, por el riesgo a ser rechazado, ha decidido no decirlo. O ha vivido un amor secreto, limpio y puro, sin poder expresarlo. Ese mundo interno te desborda y necesitas plasmarlo en un poema. Cyrano es un puñado de amor con patas, y quizá ese defecto por el que él mismo se autocensura, ocultando el amor por su prima Roxana, le hace crecer por dentro de una manera desmesurada. Es un hombre íntegro, no se deja comprar por Richelieu. Se siente orgulloso de que Molière le haya robado una escena para alguna obra, porque admira a Molière. Es un personaje con una vida interior tremenda. Es un auténtico lujo ponerse en las botas de Cyrano de Bergerac.

- En su anterior proyecto teatral, la obra "Si la cosa funciona", adaptada también al teatro por Alberto Castrillo-Ferrer, interpretaba al alter ego cinematográfico de Woody Allen, otro personaje con un inmenso talento y vida interior pero un físico, digamos, no demasiado agraciado. ¿Qué opina de que se hayan negado a financiarle nuevos proyectos por las acusaciones de abusos?

-Esas acusaciones vienen de largo, y yo creo que no hay un director más prolífico que Woody Allen, que a veces ha salido a dos películas por año. La creatividad de Woody Allen es referente para muchos, y cuando se enfrentan a una situación difícil se preguntan "¿cómo haría esto Woody Allen"? para ser más atrevidos. Allen no tiene empacho en hablar de las relaciones con su madre, del sexo, de los complejos... rozando el disparate. Cuando acierta es absolutamente brillante. A Woody Allen lo que se le acaba es el tiempo, porque tiene una edad, 83 años, y sigue ahí. Allen desaparecerá, físicamente incluso, el día que deje de hacer cine. Es la gasolina de su vida.

- Como gran actor de doblaje, ¿qué le parece la moda de meter famosos - cantantes, futbolistas o pilotos, por ejemplo - a doblar películas de animación?

-Lo conozco muy bien y no es nada nuevo. Cuando dirigía doblaje para Disney surgían estas cosas. Como profesional del doblaje en España me parece una solemne estupidez, pero los americanos lo ven de otra manera. Ellos escogen actores muy solventes que les sirven para la promoción de la película, porque esos actores y actrices van a los estrenos. Contratan a Tom Hanks porque creen que incluso físicamente les va a ayudar a tener el Woody que necesitan. Y graban la voz mientras se realiza el proceso de animación, no tienen que encajar luego las bocas. Para nosotros es una dificultad añadida. En España, si el futbolista o el piloto de Fórmula 1 tuviesen que doblar al protagonista no quedaría muy bien. Es como si yo me meto a pilotar un Fórmula 1: no creo ni que fuese capaz de salir de boxes [risas]. Pero sirve como reclamo publicitario, da una repercusión en prensa que creen que es necesaria, aunque yo creo que se equivocan, porque las películas de Disney se venden solas. No creo que nadie vaya al cine solo porque Fernando Alonso pronuncia una frase en una película.

- Está claro.

-Eso nunca juega a favor del producto, salvo las incursiones que han hecho actores que han demostrado que lo hacen maravillosamente. Ahí tenemos el caso de José Mota, de Florentino Fernández y alguno más que son grandes cómicos y tienen muchos recursos.

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