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La floreciente Coímbra en la era de los descubrimientos

Villa romana, capital del Portugal medieval, ciudad universitaria? y ahora, además, también un precioso juego de mesa

Cartas del juego.

En los siglos XV y XVI el mundo cambia. Se adentra en la edad moderna, la era de la razón y los descubrimientos. América es descubierta por la corona de Castilla en 1492, como bien sabemos todos, pero antes Portugal ya ha explorado el litoral africano. Europa, en fin, se expande y nuestro vecino peninsular está prosperando. Y en el corazón del país la ciudad de Coímbra sirve como un centro cultural de enorme vitalidad. Su florecimiento, con la consolidación de un mercado internacional, de una banca fuerte y de la alta burguesía, es el marco de este juego de elegantísima presencia. En él los jugadores (de dos a cuatro, a partir de los catorce años de edad... es un juego de moderada exigencia y para adultos) tomarán el papel de una de las poderosas familias de la Coímbra de la Edad Moderna. El objetivo del juego será ganar el mayor prestigio posible para tu "casa", con una gestión que ha de pasar por cuidar las relaciones con los monasterios cercanos o financiar las expediciones navales. Sin descuidar los favores de los burgueses más influyentes de la ciudad, lo cual en ocasiones conlleva el flujo de dineros...

"Coímbra", de Flaminia Brasini y Virginio Gigli y editado por Asmodee España, es un juego de los que se llama "euro" o "juego alemán" (pues derivan de una corriente de diseñadores germanos nacida con el mítico "Catán"). Juego originario de Italia, escuela de diseñadores que lleva tiempo ganándose un prestigio importante con títulos como "Tzolkin", "Grand Aurita hotel" o "Lorenzo Il magnifico", "Coímbra" insiste en esta curva ascendente de calidad: hablamos de un juego que se beneficia de novedades como unas reglas aplicadas a los dados modernas y muy de moda, a las que se da un par de vueltas. Un juego en el que se da poco azar y que pide a los jugadores ser buenos estrategas, atesorar buenas manos de cartas ¡y por supuesto mover cubitos que representan diferentes cosas por el tablero! (y esto es muy "euro"). Con partidas de 60-90 minutos, todo en él resulta un preciso mecanismo que nos exige planificación y cálculo: los fans del "Parchís" y derivados del tirar el dado y mover para ver qué pasa sin más, absténganse. Quienes por el contrario puedan sentirse atraídos por un juego en el que se nos mete con lúdica eficacia en la sociedad renacentista (un renacimiento alejado de Italia, pero de su tiempo) y con ganas de ver cómo su "familia" crece en poder gracias a su estrategia con cartas, dados e interacción con los demás jugadores, bien, esos sin duda disfrutarán de "Coímbra". No se trata de un juego que pretenda ser un reflejo histórico denso y escrupuloso, pero sí uno en el que sus mecánicas estén bien hiladas con el entorno buscado, ese Portugal urbano y próspero, culto y refinado que busca crecer en poder a través de sus grandes familias.

Una producción esmerada

Una de las grandes virtudes del juego es sin duda su apartado gráfico y de materiales. De las ilustraciones se encarga Chris Quilliams (ilustrador de juegos célebres como "Clash of Cultures" o el elegante "Azul"). Desde la propia portada advertimos que el apartado gráfico está especialmente cuidado, con unas gamas cromáticas sencillas y un estilo de dibujo personal. Se agradece que los diseñadores abandonen el típico estilo "cartoon" en beneficio de estilos más esteticistas. Para entender este punto nos basta contemplar la portada de la caja, una elegante panorámica de la ciudad de Coímbra entre guiños cubistas y al renacimiento pictórico temprano o el tardo gótico, cuando en los fondos los artistas empezaba a iluminar paisajes y arquitecturas.

En cuanto a los materiales, comprobar la calidad de estos es uno de los gustosos placeres culpables de todo juego de mesa. Abrir la caja, deleitarse en el tablero, en las fichillas de madera (que en "Coímbra" serán peregrinos, leones y diversos marcadores) y de cartón (como los monasterios que ubicamos sobre el tablero), las cartas satinadas (cartas de travesías y de personajes, con atractivas ilustraciones), los elementos de plástico, la extensión de su tablero y si este viene montado en cartón recio mejor, la caja en sí misma y si esta viene con un inserto plástico adaptad para contener cada pieza del juego (su hueco para las cartas, su apartado para las fichas de monedas...). La producción, en definitiva. Y en este sentido "Coímbra" es un placer para los sentidos y una producción exquisita.

En definitiva, un juego de mesa como este estilizado y sugerente "Coímbra" viene a demostrar que este sector ha crecido y mucho durante los últimos años. Lejos los tiempos de escasez en el sector, mecanismos de relojería lúdica como el aquí diseñado por Gili y Brasini parecen querer dar la razón a quien esgrime que vivimos una edad de oro dentro del sector. Pero estas afirmaciones son fútiles. Al final se trata de poder pasar una tarde realmente divertida con un grupo de amigos, lo cual garantiza juegos como "Coímbra" si te atreves a ir algo más allá del "Pictionary".

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