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Faro de Vigo

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Día contra la Trata de Mujeres

Radiografía del putero: "No vienen en platillos voladores, puede ser cualquiera"

Trabajadoras sexuales y expertas mantienen que no existe un perfil de cliente: "Son de todos los niveles de renta, edades y estados civiles" | Un grueso de prostitutas ejercen en régimen de explotación sexual

Una prostituta, en el Raval de Barcelona.

Este viernes se conmemora el Día internacional contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, un problema que sufre, según el Gobierno, el 90% de las mujeres que se prostituyen en España, aunque no hay datos fehacientes dado que es una actividad alegal y que se ejerce en la calle y en pisos clandestinos de difícil control. El PSOE quiere abolir la prostitución y para ello, en la ley que ha presentado en el Congreso, propone sancionar a los hombres que pagan por sexo con multas y penas de prisión, como medida desincentivadora. Pero, ¿cuántos ‘puteros’ hay en España? ¿Qué perfil tienen? ¿Son consumidores ocasionales o puntuales? ¿Se cuestionan si las mujeres ejercen de manera libre o coaccionadas

Sobre el consumo de prostitución apenas hay datos y los que hay proceden de aproximaciones antiguas o de investigaciones universitarias acotadas. Pero en todos los estudios subyace una máxima: los consumidores son mayoritariamente hombres (el 99%, según Eurostat) y las prostitutas son mujeres o niñas (el 90%). 

Señores entre 40 y 55 años

El componente de género es claro, aunque no se puede decir que haya un perfil del ‘putero’: son hombres de cualquier edad, nivel educativo o renta. “Cuando empecé a ejercer el trabajo sexual intenté hacer perfiles de clientes, pero, con el paso del tiempo, me di cuenta de que era básicamente imposible porque son hombres de todas las condiciones, casados, solteros, con parejas y de todos los estratos sociales”, explica a El Periódico de Catalunya, diario del mismo grupo, Prensa Ibérica, que este periódico, Kenia García, trabajadora sexual desde hace nueve años y miembro del colectivo Prostitutas de Sevilla. “Nuestros clientes no vienen en platillos voladores, forman parte de la sociedad y puede ser cualquiera y de quien menos una se lo puede esperar”, remacha.

En su caso, la mayoría de clientes son hombres de entre 40 y 55 años, algunos de ellos “fijos” que repiten “una, dos o tres veces al mes”, por eso Kenia los considera sus "salarios".  

Consumo regular entre el 5% de los jóvenes

La Encuesta Nacional sobre Salud y Hábitos Saludables, publicada por el INE en 2003, ofreció el siguiente panorama: el 27,3% de los españoles ha pagado alguna vez por mantener sexo y el 6,7% en el último año. Estudios posteriores ofrecen cifras aproximadas. El más reciente, efectuado por el Injuve en 2020, revela que en torno al 5% de los hombres jóvenes realizan un consumo regular.

Pese a ello, tanto el Gobierno como expertos y oenegés, en ocasiones, dan por cierto un informe de la ONU -no ratificado por ningún organismo después- que ofrece un dato muy elevado y señala que el 39% de los españoles ha pagado alguna vez en su vida por mantener relaciones sexuales, lo que situaría a España entre los países con mayor consumo

Más reafirmación masculina que satisfacción sexual

La ausencia de cifras fidedignas ha llevado al Ministerio de Igualdad a anunciar que va a realizar una macroencuesta sobre la prostitución en España. Pero, mientras llegan los datos, diversas investigaciones apuntan que el fenómeno tiene más que ver con la “reafirmación identitaria masculina, tanto del yo como del grupo, mediante prácticas de instrumentalización y subordinación de las mujeres, que con la búsqueda de satisfacción sexual”, según concluye la profesora de Sociología Beatriz Ranea, en su tesis ‘Masculinidad hegemónica y prostitución femenina’. 

El ocio y la facilidad

Asimismo, la investigación sostiene que hay varios elementos “desencadenantes” de la prostitución, entre ellos la percepción de que es un rito de transición a la vida adulta; la presencia de hombres que incitan a otros; la percepción del consumo como parte del ocio masculino en ambientes como despedidas de soltero o la idea de que les puede ayudar en el plano emocional, como una “terapia”. Como elemento facilitador, Ranea menciona “la accesibilidad”, dado que en España hay “gran cantidad de escenarios, ya sean locales de alterne, pisos privados o prostitución callejera”. 

A su vez, la socióloga Águeda Gómez, autora de 'El putero español', ha trazado cuatro perfiles de 'puteros', teniendo en cuenta las reflexiones expresadas por ellos mismos. En primer lugar está el misógino, que considera que las mujeres ejercen porque quieren y porque se gana dinero sin realizar grandes esfuerzos. En segundo lugar, está el consumista, que defiende que también los cuerpos se pueden comprar. "Es algo que venden y es como una relación de poder, yo pago y por tanto haces lo que yo quiera, ¿no?", es una de los pensamientos de un consumidor de sexo recogidos en el libro.

En tercer lugar, está el "amigo", donde se encuadran aquellos que tratan a las prostitutas como amantes libres, reproduciendo los parámetros sexistas según los cuales las mujeres se realizan a través de la satisfacción del hombre.

Y, por último, se encuentran aquellos que tienen un relato "crítico" y reconocen que las prostitutas están sometidas a una práctica de explotación económica -no sexual- y a una injusticia. "La mayoría de las mujeres creo que están explotadas. No creo que, si les dieran elegir, quisieran hacer eso pero no, no lo veo tampoco mal", admite otro de los hombres entrevistados por Gómez.

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