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Faro de Vigo

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JORDI SOLÉ Profesor de Física en la Universitat de Barcelona, investigador de sistemas energéticos y revisor del panel internacional del cambio climático de la ONU

"Una sociedad que necesita menos recursos es más feliz"

"Decreceremos queramos o no, pero podemos elegir hacerlo de manera ordenada" - "El sistema fomenta que el pez grande se coma al pequeño"

Jordi Solé posa para la entrevista concedida a este diario en el Estudi General Lul·lià.

Jordi Solé ofreció el jueves en Palma de Mallorca una conferencia sobre los retos de la transición energética en el marco de una jornada organizada por el Fórum de la Societat Civil. 

-Durante su charla ha pronunciado una frase que aquí se considera propia casi de extremistas: tenemos que decrecer.

-Decreceremos queramos o no. Podemos elegir entre hacerlo de manera ordenada y poco traumática, o no. Dependemos de los combustibles fósiles. La producción de petróleo crudo, gas natural y carbón han llegado a su máximo de producción o están en camino de hacerlo. Si lo hacemos bien decreceremos en el consumo, pero no en el bienestar material. ¿Realmente necesitamos desperdiciar un tercio de los alimentos que producimos a nivel mundial? Hablamos de un decrecimiento, o de un postcrecimiento, para que el sistema sea más eficiente. 

-También defiende que necesitamos consumir menos energía. ¿Cómo consumir menos energía con un modelo que necesita de millones de turistas para sostenerse?

-Si este modelo no se transforma, en quince años no será factible. Se incrementa el precio del transporte, se incrementará el precio de los billetes de avión y eso significa que el acceso a la isla por avión caerá. Eso es lo que nos dicen las proyecciones del sector aéreo y marítimo. No significa que vaya a desaparecer el turismo, significa que hay que rediseñarlo para que haya más calidad y menos cantidad. Ahora bien, si continuamos con el mismo modelo sí habrá impactos importantes como mucho desempleo que se cronificará. 

-Cataluña renunció a ampliar el aeropuerto de El Prat mientras que en Mallorca hay planes para la ampliación de Son Sant Joan.

-En Cataluña hubo una gran oposición social, y además la ampliación afectaba directamente a los ecosistemas de la zona. De momento se ha frenado, pero hay otros movimientos como la candidatura de los Juegos Olímpicos de Invierno. El sistema demanda eso, necesita hacerse cada vez más grande. Si Mallorca proyecta la ampliación del aeropuerto no amortizará la inversión porque el transporte aéreo va a caer. Es posible que se lleguen a los niveles prepandemia, pero acabará por saturarse y empezar a caer porque el precio del combustible va a ser cada vez mayor y los vuelos se reducirán.

-El lunes se inauguró en Mallorca una planta de hidrógeno verde. ¿Hasta qué punto esta energía incidirá en la transición a las renovables?

-Dependerá de para qué se utilice y de cómo harás encajar esta nueva pieza en el modelo, porque si no estarás dando palos de ciego. Debe haber un plan consensuado entre actores políticos y sociales para establecer un modelo que necesite menos recursos. Y menos recursos no significa más insatisfacción. Al revés, una sociedad que necesite menos recursos es una sociedad más feliz, satisfecha y con menos problemas. 

-La meta es conseguir emisiones limpias en 2050. ¿Cómo vamos?

-Vamos tarde, mucho. La Unión Europea ha puesto unos fondos sobre la mesa y se tienen que aprovechar. Tiene relevancia cómo los distribuye el Gobierno español y también las comunidades autónomas. Hay que ver cómo se articulan y aprovecharlos, no para reducir las emisiones y ya, sino para diseñar otro modelo. Si no, dejaremos pasar otra oportunidad. Es clave el pequeño productor, utilizar zonas ya industrializadas para desarrollar renovables y el papel del productor-consumidor de electricidad. Y abordar el transporte desde una perspectiva completamente diferente. Empezaremos a ver que los gobiernos se toman en serio la cuestión del cambio climático cuando dependa directamente de la presidencia de los gobiernos y no sea un departamento más. 

-La pasada cumbre de Glasgow generó todo tipo de lecturas, algunas más pesimistas y otras más optimistas. ¿Cuál es la suya?

Se dieron algunos pasos adelante, pero insuficientes. El IPCC de Naciones Unidas [Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático] está diciendo que esta es la década en la que podemos actuar de manera eficiente para revertir los efectos más negativos del cambio climático. Los acuerdos que se alcanzaron en Glasgow fueron importantes, pero en absoluto suficientes para el ambicioso objetivo que necesitamos alcanzar, reducir en 2030 las emisiones prácticamente a la mitad. No es una buena noticia, aunque algunos avances se han hecho. La cuestión es que la crisis energética y de materiales nos puede ayudar porque como habrá menos petróleo, gas natural y carbón para quemar, se emitirá menos. Pero claro, a qué coste.

-No nos acabamos de creer que con la subida del nivel del mar vamos a perder playas.

Tenemos que hacernos preguntas como qué nos dicen las proyecciones sobre futuros escenarios y qué tengo que empezar a hacer ya para que haya el mínimo impacto posible. Es de sentido común. Si sé que dentro de tres años tendré que cambiar el coche, tengo que empezar a ahorrar ahora porque si no, no lo podré cambiar. Hay evidencia científica que nos dice que las cosas irán muy mal si no actuamos ya. En Balears el problema no solo va a ser la subida del nivel del mar, también eventos extremos .Qué pasa si aumentan las rissagas, ¿se está evaluando ese escenario? ¿Y qué pasa si los grandes cambios no se producen dentro de 50 años si no antes? 

-¿Qué ocurriría si Rusia corta el la llave del gas a Europa? ¿Hay una alternativa?

-No. Si eso ocurre Europa entrará en una situación muy complicada con problemas en la gestión de la red eléctrica y de seguridad alimentaria. Es una posibilidad que los dirigentes europeos no se plantean y yo no creo que suceda. A Rusia no le interesa porque el conflicto escalaría a una dimensión que no le interesa a nadie. Lo que sí puede pasar es que dentro de cinco o seis años ese gas ruso que ahora fluye en grandes cantidades a Europa alcance su pico de producción y empiece su declive. La guerra ha puesto sobre la mesa problemas que se estaban incubando y ahora se han hecho muy evidentes. En todo caso España no es tan vulnerable como otros países porque nos suministramos mucho con gas del norte de África, pero allí la producción ya está saturada y eso significa que en los próximos años también tendremos problemas. 

-¿Una empresa de energía pública serviría para abaratar la factura de la luz?

-Recuerdo que Red Eléctrica Española depende del Estado, así que la parte de gestión y distribución es estatal. Pero vale, tenemos una empresa pública. ¿Competirá con las privadas en un mercado liberalizado? ¿Cómo competirá con los gigantes energéticos? Con esta crisis las pequeñas cooperativas energéticas están sufriendo mucho porque quien tiene un capital muy grande aguanta mejor las sacudidas. De entrada una empresa pública puede ser interesante, pero depende de cómo se articulara o si solo serviría para entrar en la rueda de las puertas giratorias.

-Quizá lo que más indigna a los ciudadanos es que mientras la factura no deja de crecer, también crecen los beneficios de las eléctricas. ¿Se puede hacer algo para evitarlo?

-Mientras estamos en un sistema liberal, no. El actual sistema fomenta que el pez grande cada vez tenga más beneficios, y el pez grande se come al pequeño. Y consumidor tiene poco que decir porque al final el mercado lo controlan dos o tres empresas y lo único que puede hacer es elegir ir a una empresa o a otra. Se podría regular, sí, pero a ver quién le pone el cascabel al gato. 

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