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Faro de Vigo

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Contracrónica

Así se negocia a contrarreloj el acuerdo de Glasgow

Solo faltan unas horas para la supuesta publicación de acuerdo de la Cumbre del Clima y, según esgrimen los gobiernos, todavía faltan muchos flecos por cerrar

Delegados de casi 200 países, en la Cumbre del Clima de Glasgow. Reuters

Glasgow se ha despertado este viernes bajo un manto de nubes, un aire gélido y una lluvia que lo envuelve todo. Tras unos días de relativo buen tiempo, donde incluso ha aparecido el sol por momentos, la ciudad escocesa ha recuperado su clima más habitual y se ha vuelto a teñir de un gris absoluto. Este es escenario donde se libra la recta final de las negociaciones de la Cumbre del Clima COP26; un debate clave para el futuro de la humanidad y del planeta.

Solo faltan unas horas para que los gobiernos de todo el mundo presenten el compromiso que, tras dos semanas de intenso debate, han acordado para hacer frente a la crisis climática. El texto que recoge los acuerdos, las promesas y los deberes en materia climática pasa en estos momentos por el enésimo escrutinio de los ministros de medio ambiente, delegados y expertos enviados por los países. Todavía son muchos los flecos que faltan por pulir. Y según han anunciado esta tarde varios portavoces de todo el mundo durante el plenario general, ahora mismo todavía hay quien está enviando apuntes para matizar, ampliar o cambiar la declaración final. 

Según explican fuentes cercanas a las negociaciones a este diario, hace ya días que las distintas mesas de trabajo empiezan a primerísima hora y se alargan hasta la madrugada. En la mesa de debate se discuten, todavía, desde cuestiones extremadamente técnicas hasta compromisos que podrían marcar el futuro de millones de personas en todo el mundo, como el calendario para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero o el pacto para ayudar al sur global a hacer frente al azote de crisis. En ambos casos, el futuro de estos acuerdos es cuestión de lenguaje. En estos momentos, de hecho, la revisión del texto se centra principalmente en pulir las palabras. Añadir matices. Cambiar un 'must' (que implica la obligatoriedad de una medida) por un 'should' (que amplía, quizás demasiado, el margen de maniobra para los países). 

Entre el tequila y el vodka

La presidencia de esta Cumbre, liderada por el británico Alok Sharma, ha prometido en más de una ocasión que el acuerdo final se publicará este viernes por la tarde. A poder ser sobre las seis, justo para la hora del té. Puestos a hablar de bebidas, cabe decir que en función de cuándo acabe el debate se beberá una cosa u otra. Hace tan solo unos días, de hecho, en una de esas sesiones que se alargan hasta altas horas de la noche, la delegación mexicana prometió regalar botellas de tequila a los organizadores del evento si conseguían cerrar un compromiso este mismo viernes. Los rusos, que en cuestiones de alcohol tampoco bromean, subieron la apuesta prometiendo botellas de su más preciado vodka si la declaración final se publicaba antes de la noche.

En los pasillos de la Cumbre de Glasgow se respira ahora un aire diferente. El ambiente está cargado de tensión. Hay un frenético vaivén de delegados gubernamentales, que a diferencia de los demás asistentes destacan por sus finos trajes y su acreditación morada. Imposible saber qué está ocurriendo en las discusiones a puerta cerrada donde se dirigen. Eso sí, visto lo que ocurre afuera todo apunta a que el sprint final está siendo más que intenso. En el único supermercado presente en el recinto, por ejemplo, las bebidas energéticas se han agotado poco después de mediodía. En los bares, los camareros intentan recoger todos los vasos reutilizables que pueden porque, a diferencia de otros días, este viernes el café está volando más rápido de lo habitual. 

Cuenta la leyenda, o mejor dicho la experiencia, que el éxito de las Cumbres del Clima depende de lo buena que haya sido la logística del evento. Cuanto mejor sea la organización, mejor es el resultado. Cuanto mayor es la comodidad de las instalaciones, mejor es la comunicación entre las partes. Cuanto más fácil se lo ponen a los delegados para hacer su trabajo, mejores son los acuerdos. Si la premisa se confirma, Glasgow lo tendrá francamente difícil para triunfar. En estas semanas, de hecho, son muchos los que han apuntado a que el engranaje de este evento no ha acabado de funcionar. En parte por cuestiones meramente logísticas. Y en parte porque, cómo no, organizar un evento de esta magnitud en tiempos de pandemia es misión imposible.

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