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ASUNTOS PROPIOS Fernando Trías de Bes Economista

“Toda acumulación es un intento de llenar un vacío existencial”

“Mi forma preferida de organización empresarial es la cooperativa, la única que logra aunar capital y trabajo de manera justa”

El economista Fernando Trías de Bes

El economista Fernando Trías de Bes

Se define como “un apasionado del Renacimiento nacido en el siglo de la especialización”, y eso deja entrever que su análisis de la economía no se limita a lo numérico. Fernando Trías de Bes (Barcelona, 1967) considera que “las emociones y los instintos” han determinado el devenir –también económico– de la Humanidad. Despliega esa convicción, del Paleolítico a Instagram, en Una historia diferente del mundo (Espasa).

–A partir de este instante, ¿qué emoción dominará?

–A lo largo de la historia de la Humanidad siempre ha dominado el miedo, el anhelo de libertad y el ansia de poder. Eso no cambia.

–Ha visto el poder muy de cerca. ¿Cuál es el motor último?

–Toda acumulación es un intento de llenar un vacío existencial. Quienes buscan el poder político o el económico, en el fondo, tratan de dar sentido a una vida que no lo tiene.

–¿Elon Musk? ¿ Vacío existencial?

–Estoy convencidísimo. Un vacío, o una carencia afectiva, o algún tipo de complejo. Meterse en un cohete y querer conquistar el espacio es enfermizo. Una persona plena no necesita eso. Y el ansia de poder es adictiva, ¿eh? Conozco a políticos que, al dejarlo, han pasado el mono, incluso durante años.

–Es uno de los carburantes del capitalismo, que usted defiende.

–Defiendo el liberalismo que no deja de lado al desprotegido. Mi forma preferida de organización empresarial es la cooperativa, la única que logra aunar capital y trabajo de manera justa.

–Sin embargo, no está por ampliar la fórmula a la organización social.

–A mi juicio, la socialdemocracia es lo menos mala de las conocidas: hay un premio a las personas que arriesgan o aportan valor, y un sistema que garantiza la igualdad.

–Es la menos mala, dice. Imagine la buena.

–En la isla de Ré, en la costa atlántica de Francia, encontré una parada de productos locales sin vigilancia. Había una cesta en la que el comprador depositaba el valor del producto. Si la Humanidad creciera en alteridad y compasión quizá sería posible. De momento, hay demasiado lazarillismo.

–Demasiada desigualdad, también.

–El 2 o 3% de la inflación que está empezando a notarse la corregirá un poco. A través de los convenios, se irá incorporando a los salarios. Eso, con créditos a tipos de interés del 0, hace que en 10 años una deuda baje 20 o 30 puntos. Mucha gente empezará a respirar.

–Eso, si el virus se larga con viento fresco.

–Lo peor de la crisis COVID ha pasado. Yo ya no veo miedo, que es lo bloquea las inversiones y el consumo. Veo precaución, el primer paso para la confianza. Vienen tres o cuatro meses muy buenos.

–¿Dónde invertiría un dinero?

–En el sector inmobiliario. En 10 años irá hacia arriba. Por la inflación que le refería.

–¿Vuelta al ladrillo? Al menos no suena usted catastrofista.

–Meter miedo es una forma de poder. ¿Sabe qué libro recomiendo a los empresarios?

–¿Uno de los suyos?

–El adivino, de Astérix y Obélix. En resumen, un adivino llega a la aldea y les dice que deben abandonarla porque la cólera de los dioses hará que el aire sea nauseabundo. Es la única entrega en la que ganan los romanos.

–¿Algún día desterraremos definitivamente el miedo?

–Es una pulsión necesaria. El miedo al futuro creó los primeros excedentes, que generaron los primeros saqueos entre tribus, que acabaron promoviendo el intercambio. Luego está el miedo bloqueante. El psicólogo Tomás Navarro me dio la pista para separarlos: no confundir probabilidad con posibilidad.

–Personalmente, ¿siente que tiene el control de su vida?

–Pasé un cáncer en 2013. Me operaron y al año recaí. Tuve riesgo vital un par de veces. Cuando pasas algo así, aprendes que las cosas no siempre salen como quieres.

–En el otro lado de Occidente están acostumbrados.

–La cooperación entre agentes económicos permitiría actuar de otra manera. La Humanidad ha ido –e irá– a mejor.

–Oiga, si tanto le interesa lo humano, ¿por qué estudió economía?

–¿Sabe lo que quería ser de jovencito? Músico. Tengo la carrera de piano, compongo cada día un rato y sigo yendo al conservatorio, a aprender.

–Pero ser un Trías de Bes obligaba a tener un oficio serio, supongo.

–Mi madre, hija de militar, por avatares, pasó hambre. Trabajó desde los 14 años. Ella nos inculcó un gran sentido de la caridad. La economía sin personas no me interesa.

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