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Liderazgo femenino

No es el 'síndrome de la impostora': es la desigualdad

Michelle Obama o Angela Merkel han admitido que sienten falta de confianza, un rasgo compartido por muchas mujeres que se desarrollan en espacios tradicionalmente masculinos

Michelle Obama.

Michelle Obama.

"No se acaba nunca; ni siquiera en este instante en que ustedes me van a escuchar no me abandona este sentimiento de que no deberían tomarme en serio. ¿Qué sé yo? Lo comparto con ustedes porque todos dudamos de nuestras capacidades, de nuestro poder y de qué es ese poder". Fue lo que dijo Michelle Obama ante 2.700 personas en el Royal Festival Hall de Londres durante la presentación de sus memorias en diciembre de 2018. "Aún tengo algo del síndrome de la impostora", confesó.

Algo parecido pensó en 1974 Simone Veil cuando la nombraron ministra de Salud de Francia, puesto desde el que despenalizó el aborto. "Estaba convencida de no aguantar mucho tiempo. Me dije: "Voy a cometer un gran error y enseguida me mandarán de nuevo a la magistratura". 

Dañina autopercepción

¿Por qué hay mujeres en las esferas del poder, la cultura o el arte que dudan de ellas mismas? ¿Qué pasa por sus cabezas para pensar que son poco menos que farsantes a quienes terminarán por desenmascarar? ¿Acaso no han llegado por méritos propios a espacios que durante siglos han estado reservados a los hombres? 

Las psicólogas norteamericanas Pauline Rose Clance y Suzanne Imes acuñaron en 1978 el término 'síndrome del impostor' para referirse a esa dañina autopercepción después de realizar una investigación centrada en mujeres de alto rendimiento. Se dieron cuenta de que muchas de ellas no se consideraban brillantes. Es más, tenían la sensación de estar "engañando" pese a sus logros académicos y profesionales. 

Un reciente estudio publicado en el International 'Journal of Behavioral Sciences' ('The impostor phenomenon') indica que el 70% de las personas han tenido esa impresión en algún momento de sus vidas. "A pesar de múltiples pruebas de valía atribuyen sus buenos resultados a factores externos, como la suerte o el trabajo duro, en lugar de relacionarlo con sus habilidades y conocimientos", explica Marta Calderero, profesora de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC.

El hecho de vivir en un mundo donde la sobreexposición es constante y únicamente se reflejan los éxitos no ayuda, abunda la experta en Recursos Humanos de la misma universidad Eva Rimbau. "Siempre nos parece que el resto está mejor preparado que nosotros", indica. 

Subestimar las capacidades

Aunque le pasa a algunos hombres –el astronauta Neil Armstrong es uno de ellos–, lo cierto es que la lista está repleta de mujeres. Las actrices Kate Winslet, Charlize Theron o Viola Davis, la cantante Jennifer Lopez, líderes empresariales e incluso la cancillera Angela Merkel forman parte de ella. ¿Llamativo? Quizá no tanto.

Mucha literatura avala la idea de que los hombres sobrevaloran sus capacidades y las mujeres las subestiman. Esa falta de confianza está detrás de un menor acceso a puestos de responsabilidad. Hay igualmente cifras reveladoras sobre la falta de representación femenina en puestos directivos. En el mundo solo el 24% de las mujeres ocupa alguno. 

La trastienda del 'no puedo'

Los testimonios, los datos y las evidencias animaron a la periodista Élisabeth Cadoche y a la psicoterapeuta Anne de Montarlot a unirse para estudiar el tema. El resultado de su análisis, tras más de 100 entrevistas, se plasma en el ensayo 'El síndrome de la impostora' (Península, 2021), donde abordan los motivos históricos, sociales y familiares que hay detrás de esa falta de autoestima que impide a muchas mujeres alcanzar notoriedad sin pedir perdón.

"Somos la suma de siglos de dominación masculina. Hemos sufrido el patriarcado y lo hemos integrado en nuestro ADN. Aunque con movimientos como #MeToo las cosas empiezan a cambiar y las mujeres deciden hablar, está muy anclado en nosotras", comentan las autoras en conversación con este diario. 

El libro describe situaciones y ofrece pautas para salir de las "trampas mentales" y los "autosabotajes" a los que contribuyen la presión social y la pervivencia de estereotipos. Y, entre otras cosas, pone sobre la mesa la aceptación del propio cuerpo como primer componente de la autoestima

Perfeccionismo y ansiedad

"Las mujeres están en conflicto con sus cuerpos porque hay muchas exigencias. Se parte del principio de que no se está a la altura, de que ella misma no es suficiente y tiene que hacer dos veces más para existir. Es un peso enorme. Lo vemos perfectamente ahora con la pandemia. Eso tiene consecuencias sociales porque la mujer se inhibe, tiene más frenos. Las estadísticas en EEUU muestran que con el covid muchas han tenido que dejar sus trabajos o los han perdido", indica Anne de Montarlot. Hay también consecuencias en la salud mental, como el 'burn-out' derivado de una afán de perfeccionismo extremo que puede provocar ansiedad y depresión.

Sin embargo, conviene no patologizar el fenómeno y evitar el error decimonónico que degradaba a la categoría de "histérica" cualquier señal de transgresión femenina. 

Cuando en 1978 se popularizó el concepto de impostura, el estudio de las psicólogas norteamericanas no tuvo en cuenta las variables del racismo sistémico, el clasismo, la xenofobia y otros prejuicios. Si, además de mujer, eres negra, lesbiana o trans, las probabilidades de exclusión se multiplican. 

Por eso hay corrientes que ponen el acento en el contexto, más que en el individuo. Es decir, que convendría fijarse en las condiciones laborales y los entornos en los que las mujeres desarrollan su trabajo.

"Debería ponerse el foco en la estructura social y no en las mujeres. En los impedimentos y la construcción de género que nos inculcan desde que nacemos y que hace que no tengamos referentes de éxito", subraya Isabel Muntané, periodista y codirectora del Máster de Género y Comunicación de la UAB. 

A su juicio, a pesar de años de lucha feminista, seguimos transmitiendo que el nuestro es "el espacio privado" y los hombres continúan siendo los protagonistas del espacio público. "Se ve en los libros de texto, en los medios de comunicación, en el cine... Toda esta violencia cultural la acabamos asumiendo". Al final, agrega, "las mujeres nos sentimos culpables por ocupar un espacio que no te toca, porque así nos lo van diciendo constantemente".

El peso de la culpa

Eliminar el peso de la culpa es uno de los objetivos que persiguen Cadoche y Montarlot con su ensayo. "Si no tienes confianza en ti misma no es porque seas tímida o incapaz de reafirmarte, sino porque eres producto de una herencia cultural, social, histórica y familiar".

Entre sus recetas figuran devolver la palabra a las mujeres y hacer un esfuerzo colectivo para cambiar las condiciones laborales y la educación. "Hay que revisar las creencias limitadoras y buscar en otras mujeres el combustible para la autoestima. Debemos ser indulgentes con nosotras mismas. Ya tenemos bastantes enemigos como para convertirnos en uno más", apuntan.

La respuesta pasaría además por crear entornos que fomenten estilos diferentes de liderazgo y en los que las identidades raciales y de género se perciban tan profesionales como el actual "eurocéntrico, masculino y heteronormativo", según detalla la investigadora Tina Opie, del Babson College citada por la 'Harvard Business Review' en su artículo 'Deja de decirle a las mujeres que tienen el síndrome del impostor'. 

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