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Manuel CAmpo Vidal | Periodista, publica “La España despoblada”

“El franquismo ignoró al mundo rural y la democracia tiene una deuda pendiente”

“Las leyes y normas se hacen en las ciudades y para las ciudades, se vio con el decreto de estado de alarma y la prohibición de ir a los huertos“

Manuel Campo Vidal | // FERNANDO RODRÍGUEZ

Manuel Campo Vidal | // FERNANDO RODRÍGUEZ

Manuel Campo Vidal es, además de referencia del periodismo de las últimas décadas, uno de los grandes defensores de la España rural. Acaba de publicar “La España despoblada” (editado por Sagesse para Next Educación), obra en la que desbroza un siglo y medio largo de historia de emigración interior y exterior. Lo hace partiendo de la experiencia propia, la emigración de sus padres del Prepirineo catalán a la urbe barcelonesa. Recoge también testimonios de otros emigrantes como su compañera Concha García Campoy y Manolo Escobar.

–¿España despoblada, vacía, vaciada, abandonada?

–Se empezó hablando de la “España interior”, luego llegó la “España vacía”, pero los de Teruel, acertadamente, dijeron que parecía que siempre había estado vacía y se adoptó el término “vaciada”. Al final siempre hablamos de la hemorragia de los pueblos de España en favor de las grandes ciudades y de otros países. Se remonta a mediados del siglo XIX, pero hoy mismo hay 27 capitales de provincia que pierden población.

–¿Qué ocurrió a mediados del XIX para que comenzase la hemorragia?

–Que la revolución industrial llegó a España 50 años después de su inicio en Inglaterra. Aquí no teníamos ríos navegables y los caminos eran infames. Por tanto, la maquinaria llegó tarde.

–Habla de una emigración económica, pero también hubo causas políticas.

La principal causa de emigración fue la económica, salvo los 30.000 españoles que después de la Guerra Civil se fueron a México abrazados por el presidente Lázaro Cárdenas.

–El franquismo también fue causa de emigración.

–El franquismo, contra lo que decía su propaganda, ignoró al mundo rural, lo estigmatizó como si fueran catetos. Pero la democracia también tiene ese punto negro. Se avanzó en libertades, en derechos sociales, pero se avanzó en las ciudades. Es una deuda pendiente. La democracia no tuvo sensibilidad con el mundo rural.

–¿Qué supone esa despoblación?

–Es una herida medioambiental en el planeta. Solo son sostenibles aquellos territorios que están poblados porque si no los incendios los devastan. La ausencia del trabajo de los habitantes del campo lo convierten en territorio desértico y muy deteriorado. Hay que ver al poblador de zonas rurales como un trabajador medioambiental imprescindible para las ciudades.

–¿Qué necesitan los pueblos?

–Que se tome en serio la cuestión. La tecnología nos va a ayudar mucho. Los fondos europeos de reconstrucción deben invertirse en proyectos razonables. Es determinante la decisión política y el factor humano.

–¿Qué lleva a Manuel Campo Vidal a enarbolar la bandera en defensa de la España rural?

–Siempre he tenido mucha relación con esta cuestión. Lo hablaba ya hace muchos años con Labordeta y Marcelino Iglesias. Hace dos año y medio me llamó Paco Boya (hoy secretario general para el Reto Demográfico dentro del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico) y me pidió que ya que yo estaba en los medios de comunicación le ayudase a levantar la voz y hacer saber a la España urbana que hay una España rural imprescindible. Nos pusimos en marcha y la eclosión llegó con la manifestación revuelta de la España Vaciada que tuvo lugar en Madrid en marzo de 2019 y para la que yo escribí y leí el manifiesto.

–¿Y lograron que la España urbana fuese consciente de la importancia de los pueblos?

–En eso fue clave la aparición de Teruel Existe. Llevan más de veinte años trabajando, pero el 10 de noviembre de 2019 obtuvieron un diputado sobre tres y dos senadores sobre cuatro. Además, ese diputado fue clave para que Pedro Sánchez pudiese formar Gobierno y no tuviese que repetir las elecciones.

–¿Cuál es la situación actual?

–Positiva. Y presenta rasgos de esperanza.

–¿En esa esperanza ha influido la pandemia y el regreso al pueblo?

–Dentro de lo terrible que está siendo todo, ha sido muy positivo que la España urbana reconozca que gracias a la España rural no se cortó en ningún momento la cadena de suministro alimentario. Poco antes de la pandemia, las carreteras estaban llenas de tractores en señal de protesta, pero cuando se necesitó, dejaron sus reivindicaciones y se pusieron a trabajar. Por otro lado, ya había una tendencia de salida hacia el mundo rural, hacia las zonas donde hay buenas telecomunicaciones. Con la pandemia, Google ha certificado el incremento de búsquedas de casas en pueblos.

–Dice en el libro que uno de los grandes problemas es que las leyes se hacen en las ciudades y para las ciudades.

–Las leyes y las normas. Se demostró con el decreto del estado de alarma, que no dejaban ir al huerto. El que lo redactó no sabía que el huerto es vital para muchas familias. Se hizo la presión oportuna y en tres semanas rectificaron.

–El libro tiene también una parte autobiográfica.

–Sí, porque mis padres fueron emigrantes, pero también hay notas de otras personas como Concha García Campoy o Manolo Escobar, que también tienen la experiencia de la emigración. Manolo Escobar me contaba cómo él y su familia emigraron de Almería a Badalona y se llevaron una cabra. Le pregunté dónde vivía la cabra y me digo que en la terraza del piso de Badalona.

–Hay cifras incontestables, como que 27 de las 50 capitales de provincia pierden población.

–Y que tres provincias, Ourense, Zamora y Lugo, tienen más población mayor de 75 que menor de 25. Eso es corrosivo para la estabilidad. España es un país muy desequilibrado en sus desigualdades sociales, pero también en las territoriales.

–Otro capítulo habla sobre los jóvenes que en los años 60 dejaban el pueblo para estudiar y nunca regresaban. ¿Seguimos igual?

–Aunque es algo distinto, antes para estudiar te tenías que ir a una gran capital, ahora te tienes que ir porque no hay trabajo. Tengo diez sobrinos en edad de trabajar y cinco están en el extranjero.

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