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Francisco Ceballos: "La dinastía habsburga es un laboratorio de genética humana"

"A través de ella se puede estudiar la arquitectura genética de muchísimos rasgos", afirma

Desde la izquierda, Francisco Ceballos, Román Vilas, la artista Michelle Vaughan y Gonzalo Álvarez. // Foto cedida por F. Ceballos

Francisco Ceballos lleva más de diez años estudiando los efectos de la consanguineidad en los Austrias y en as dinastías europeas reales. "Fue mi tema de tesis, que dirigió el profesor de la USC Gonzalo Álvarez Jurado, y ahora es más un hobby. De hecho, no me pagan por este trabajo", afirma el investigador, que actualmente es profesor contratado doctor en la Middle East Technical University (METU) de Ankara (Turquía).

-La investigación relaciona determinados rasgos faciales de los reyes de la casa de los Austrias con la costumbre de casarse con miembros de la misma familia durante más de dos siglos.

--La cara de los Austrias está determinada por dos rasgos principalmente: el prognatismo de la mandíbula y una deficiencia del maxilar (el hueso que está justo arriba), que es la que provoca la caída de los ojos y de la nariz que tienen ciertos reyes de los Habsburgo. Nosotros, por primera vez, hemos relacionado la consanguineidad con estos rasgos y hemos visto que la endogamia tiene un efecto directo sobre el prognatismo mandibular. No es que esté causado por la consanguineidad que tuvo la dinastía por casarse entre ellos durante múltiples generaciones. Este es un rasgo que ya tenían los Austrias antes de que llegase la consanguineidad, pero sí que extrema el fenotipo, hace que sea más acusado.

- ¿Hay mucho material que estudiar con los Austrias?

-Sí. Tenemos mucho y no sabemos si vamos a poder analizarlo todo. Las dinastías reales europeas, y en este caso las Austrias, son laboratorios de genética humana, donde se puede estudiar la arquitectura genética de muchísimos rasgos, cómo se organizan los genes para determinar los rasgos complejos, cómo puede ser la mortalidad, la supervivencia, la fertilidad, la forma de la cara, etcétera. Son como ratones de laboratorio.

- ¿Algunos de estos posibles estudios pueden arrojar datos sorprendentes?

-Sí, Esta es una primera aproximación para ver que merecía la pena analizarlo. Si incrementamos los individuos y otras dinastías podremos seguir profundizando y hacer análisis mucho más finos de la genética de la cara.

- ¿Por qué centraron esta investigación en el rostro de los Habsburgo?

-Porque no hay muchos estudios de la genética de la cara y es bastante complicado estudiarla. Nosotros tenemos una oportunidad muy buena con los Habsburgo para aportar algo acerca de cómo es la genética de la estructura de la cara, que es la quintaesencia de la persona, y aquí sí que podemos aportar algo interesante.

- No es, sin embargo, su primer estudio sobre la endogamia.

-No. Ya publicamos otros tres artículos, dos en los que analizamos la supervivencia y por qué la dinastía de los Austrias españoles desapareció, pero la de Austria no. Analizamos también la fertilidad y la supervivencia, pero en la dinastía de Charles Darwin [se casó con su prima Emma Wedgwood], una familia icónica que vivió en una época anterior a todos los avances científicos, por lo que se puede hacer un estudio sin ruidos sobre la relación entre estas y consanguineidad.

- ¿Se puede considerar que la endogamia acabó con los Austrias?

-Con la rama española. La austriaca sigue existiendo. La dinastía se acabó en España por una conjunción de biología y de casualidades.

- ¿Los efectos de la endogamia son similares en todas las casas reales europeas?

-No, pero no puedo adelantar nada en este sentido, porque está pendiente de publicación.

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