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hablemos en serie

El hombre que se inventaba noticias

Russell Crowe interpreta con maestría a Roger Ailes, ideólogo de Fox News que cayó en el meToo

Russell Crowe y Naomi Watts.

Russell Crowe y Naomi Watts.

Las expectativas eran muy altas con La voz más alta. Y se han cumplido. Thomas McCarthy, responsable de las estupendas películas Spotlight y The visitor, es una garantía. Y el reparto deslumbra: un Russell Crowe que vuelve por sus fueros con una interpretación que recuerda, por riesgo y mutación, a la que le situó entre los grandes: El dilema. Y muy bien acompañado por Naomi Watts, Sienna Miller, Josh Charles, Seth MacFarlane o Annabelle Wallis, que luchan con uñas y dientes para no verse oscurecidos por el trabajo de un titán como Crowe, afortunadamente caracterizado de forma solvente hasta resultar irreconocible y veraz, y no como aquel olvidable envejecimiento que torpedeaba la credibilidad final de Una mente maravillosa. A parte de la crítica norteamericana no le ha gustado nada la serie. Pero nada de nada, lo que resulta, como mínimo, sospechoso de que los asuntos que aborda pisan demasiado callos. Ahí es nada: contar el auge y la estrepitosa caída del todopoderoso Roger Ailes, el fundador ultraconservador de Fox News que convirtió su patriotismo extremo y sus ideas del alma más radical del partido republicano en una fórmula de éxito al enganchar a un gran número de telespectadores que se sentían huérfanos de un medio que expresara su apoyo incondicional a sus líderes, llámense Bush o Trump (de los que Ailes fue paladín y asesor) y un odio frontal hacia el emergente Obama, contra el que Ailes no dudó en emplear todo tipo de armas de propaganda muy alejadas de la ética periodística. El mandarín de la televisión conservadora cayó por sus enfrentamientos internos pero, sobre todo, por las denuncias de acoso sexual a algunas de sus presentadoras, sobre las que ejercía o intentaba ejercer un derecho de pernada monstruoso.

Se define a sí mismo como un hombre "polifacético". Bajo ese paraguas de varillas cínicas se guarece Ailes de los nubarrones que oscurecen su conciencia. Adicto a la comida, envuelto en una bandera cuando le conviene, colérico cuando le plantan cara o le cantan las cuarenta, su condición de hemofílico le anima a vivir cada día con la duda de si habrá un mañana. Su infancia de padre tirano aficionado a los cinturonazos le entrenó para ser un hombre duro, desconfiado y tenaz que no vacila en cruzar cuantas líneas rosas le salgan al paso en su oficio: "Son para pringados". Y él no lo es: "La vida es lucha. Lo único que importa es que ganes", apunta. "Nunca confíes en nadie", amartilla. "No seguimos las noticias. Creamos las noticias", dispara. "El periodismo es historia y la historia la escriben los vencedores".

Es posible que a la serie le sobren algunos trazos gruesos en el retrato del personaje, como si se mimetizara de sus propios excesos, capaz de comprar un periódico local para sus intereses más domésticos lanzando campañas hostiles que luego retira cuando logra sus objetivos; algunos personajes necesitarían unas páginas más de desarrollo y el relato de las luchas de poder en las alturas es un tanto aguado y temeroso, pero el resultado en su conjunto es electrizante (atención al brioso capítulo dirigido por Stephen Frears), lanza cargas de profundidad sin descanso y cuando da en el blanco el efecto es demoledor. Por ello, altamente informativo.

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