16 de febrero de 2014
16.02.2014

Vigo navega por el mundo en el 'Nautilus'

Julio Verne eligió el tesoro de Rande para aprovisionar de oro la expedición submarina de su capitán Nemo

16.02.2014 | 02:11

"Pues bien, señor Aronnax, estamos en la bahía de Vigo y solo de usted depende que pueda conocer sus secretos". Con esta frase invita el capitán Nemo a su prisionero, el biólogo Pierre Aronnax, a asistir a uno de los momentos más ambicionados por arqueólogos, historiadores y cazatesoros: recuperar el oro de los galeones de Rande. Julio Verne, el segundo escritor más traducido tras Agatha Cristie, dedicó un capítulo entero de "20.000 leguas de viaje submarino" a los galeones hundidos en la ría de Vigo, donde él mismo haría escala diez años después.

"¡El Atlántico! Una vasta extensión de agua cuya superficie cubre veinticinco millones de millas cuadradas, con una longitud de nueve mil millas y una anchura media de dos mil setecientas millas". Así arranca el capítulo de "20.000 leguas de viaje submarino" que Julio Verne tituló "La bahía de Vigo", en el que el Nautilus entraba en la ría viguesa un 18 de febrero de 1868. El próximo martes, se cumplen 146 años de esta literaria entrada.

En este episodio -el octavo de la segunda parte de la novela-, el capitán Nemo entra en la ría viguesa a bordo del Nautilus para aprovisionarse con el oro de los codiciados galeones hundidos en la batalla de Rande. Así se lo confiesa Nemo al profesor Aronnax. Verne aporta fechas, como el día en que son avistados los navíos de la flota anglo-holandesa -22 de octubre de 1702- datos como el número de galeones que formaban la maltrecha flota hispano-francesa -23- y nombres de personajes históricos -el almirante francés Cháteau Renault- en su relato de la batalla "Va siguiendo usted -le pregunta el capitán del Nautilus a su interlocutor- el encadenamiento de los hechos?".

Este hecho histórico le venía como anillo al dedo al escritor francés como fuente de financiación para la ambiciosa expedición submarina de su capitán Nemo, que cumple así en la ficción con uno de los grandes sueños numerosas expediciones arqueológicas: recuperar un tesoro que ya era leyenda en Europa en el siglo XIX. Y gracias a este capítulo, Vigo entró a formar parte de la historia de la literatura universal de la mano de una de las novelas más veces traducidas.

"Verne es un escritor que documenta mucho sus obras y un tesoro como el de Rande entra en la lógica del relato. A finales del siglo XIX ya había habido varias expediciones en busca del tesoro de Rande y Verne las conocía", afirma Javier Viana, presidente de la Sociedad Verniana de Vigo.

Pero la relación de Julio Verne (Nantes, 8 de febrero de 1828-Amiens, 24 de marzo de 1905) con la ciudad de Vigo traspasó, diez años después, el papel, ya que en junio de 1878 el escritor galo recaló en la costa viguesa, visita que se repitió en mayo de 1884. En ambas ocasiones a bordo de su barco de recreo, el "Saint Michel III", y en ambas ocasiones, por azar, según Viana. La primera, buscando refugio ante un fuerte temporal; la segunda, por una avería en el motor de su embarcación.

Verne dejó constancia de sus dos escalas en Vigo en su diario de viaje, en el que plasma sus impresiones sobre la ciudad y sus costumbres. "Era muy meticuloso y tomaba nota de todo", asegura Viana, que añade que el escritor francés es "un gran embajador de Vigo". Estas dos visitas están ahora documentadas en el libro "Julio Verne en la bahía del tesoro", del periodista Eduardo Rolland, secretario de esta sociedad, que investigó la documentación del escritor francés para reconstruir su periplo en Vigo.

Sin embargo, Vigo no ha sabido aprovechar su relación, literaria y personal, con el autor de "20.000 leguas de viaje submarino" ni el hecho de que Verne ambientase uno de sus capítulos en la ría viguesa con la batalla de Rande como transfondo. Las únicas alusiones a este vínculo son la estatua de Julio Verne apoyado en un pulpo, del escultor vigués José Morales, situada en As Avenidas y el conjunto escultórico del capitán Nemo, de los artistas Ramón Lastra y Sergio Portela, en la ensenada de San Simón.

Tarjeta de presentación

La Sociedad Verniana de Vigo nació hace dos años precisamente con la intención de poner en valor esta vinculación y convertirla en tarjeta de presentación de la ciudad. El pasado mes de septiembre, participó en el I Congreso Internacional Verniano organizado por la Sociedad Hispánica Jules Verne en Barcelona, con una ponencia sobre la presencia de Verne en Vigo que impartió su secretario. Ahora, su siguiente paso es dar a conocer la relación de Verne con Vigo entre los escolares, para lo que ha elaborado una versión multimedia del libro sobre la visita de Verne a Vigo, que puede mezclarse con otros contenidos y reeditarse, según Viana y que tiene como finalidad acercar la figura del escritor francés a los más pequeños.

La Sociedad Verniana viguesa quiere también iniciar su proceso de expansión abriendo sus puertas a nuevos socios, personas que han solicitado su ingreso, según Viana. "Hemos aportado las fechas exactas en las que estuvo Verne en Vigo y ahora podemos comenzar a trabajar para dar a conocer la relación de Verne con Vigo y lo que esta puede suponer para la ciudad, desde lo local hasta lo universal", explica.

Verne supo anticiparse a su época describiendo avances tecnológicos como el propio submarino Nautilus, que no serían realidad hasta años más tarde, pero también fue capaz, en ese universo de ciencia ficción, de plasmar su época con un realismo absoluto y documentar con celo los acontecimientos históricos. En el caso del relato que Nemo hace de la batalla de Rande queda patente la maestría del autor de "20.000 leguas de viaje submarino" en narrar la historia, pero también el entorno. "El almirante Cháteau Renault tuvo la debilidad de plegarse a esta imposición, y los galeones entraron en la bahía de Vigo.

Desgraciadamente, esta bahía forma una rada abierta y sin defensa. Necesario era, pues, apresurarse a descargar los galeones antes de que pudieran llegar las flotas coaligadas", le cuenta Nemo a su interlocutor. Según el capitán del Nautilus, el oro que transportaban la flota española desde América se hundió con ella, alimentando así la leyenda.

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