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La pandemia hace surgir los primeros casos de“hikikomori” en Pontevedra

Son personas a las que el confinamiento agravó su aislamiento social y aumentó su dependencia de las nuevas tecnologías

Una trabajadora en la Unidad Asistencial de Drogodependencias de Pontevedra. |   // GUSTAVO SANTOS

Una trabajadora en la Unidad Asistencial de Drogodependencias de Pontevedra. | // GUSTAVO SANTOS

Los efectos del confinamiento de marzo y las actuales medidas restrictivas por la pandemia están teniendo también otro tipo de consecuencias, las referidas al ámbito de las adicciones.

En la unidad asistencial de drogodependencias, UAD, de Pontevedra constatan ya los primeros casos de “hikikomori”, que se manifiesta en personas en las que la falta de contacto social y el aislamiento prolongado tienen un gran efecto y tienen como consecuencia que el mundo de las nuevas tecnologías, en especial los vidojuegos, se conviertan en un marco de referencia.

Carlos Martín Picola, médico y coordinador del centro pontevedrés, aclara que se trata de personas que ya habían iniciado el camino hacia ese problema pero a los que la pandemia ha empujado con fuerza.

“Es un cuadro de aislamiento social agudo y la base fisiológica es la misma que en cualquier otro tipo de adicción, como el alcohol o la droga: es una pérdida de libertad porque hay un error en la búsqueda de la felicidad y el individuo confunde el ser con el estar”, explica.

En general, suele afectar más a jóvenes y adolescentes, más centrados en las nuevas tecnologías. “Son chavales que viven en una habitación y solo salen de ella para ir a buscar una pieza o algún artículo tecnológico que les hace falta”, indica el médico.

Un millar de usuarios

La UAD no cerró en ningún momento durante el confinamiento, para no privar a su alrededor de 1.000 usuarios de sus servicios. “Entre otras cosas, porque los pacientes tienen que venir. Hay cosas que no se pueden hacer vía telemática”, advierte Martín Picola.

El médico considera que todas las consecuencias de la pandemia se dejarán ver pero a más largo plazo.

La unidad acumula, además, unos 4.700 historiales en sus casi 30 años de funcionamiento.

 De las 178 historias nuevas que se registraron el año pasado, 73 eran de adicción al alcohol, 38 de cannabis, 26 de heroína, 25 de cocaína, siete de ludopatía y uno de drogas de síntesis.

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