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Cuatro generaciones tras el mostrador

Ultramarinos Diego Lores es uno de los establecimientos más antiguos con casi un siglo de actividad

Diego Lores, padre e hijo, posan ante su tienda en la calle Real. // G.S.

Diego Lores, padre e hijo, posan ante su tienda en la calle Real. // G.S.

Pronunciar el nombre Diego Lores supone recorrer décadas de historia en el casco antiguo de Pontevedra. El emblemático ultramarinos de la calle Real abrió sus puertas hace ya casi un siglo sin imaginar su fundador, el primer Diego Lores de cuatro generaciones, que su negocio iba a perdurar en el tiempo hasta estar, en la actualidad, en manos de su nieto y su bisnieto.

"Lo fundó mi abuelo en los años 20 y ahora trabaja mi hijo, que tiene 26 años conmigo. Es la cuarta generación", explica el responsable de la tienda.

Para que un negocio dedicado en gran parte a la alimentación se mantenga pese a la dura competencia de las grandes cadenas de supermercados y otras empresas de renombre solo hay una fórmula: "trabajar un mínimo de 12 horas diarias".

Son tiempos difíciles para las tiendas de barrio como esta, pero siempre tienen clientes fijos que, como ellos, de generación en generación confían en su género.

"Competencia siempre hay", confiesa Diego Lores, que, pese a todo, hace un esfuerzo por ofrecer a sus compradores los mejores precios posibles.

Además de los vecinos, que compran en su ultramarinos, la hostelería es un pilar importante para el negocio. "Ahora mismo es lo que nos mantiene todavía en activo, para nosotros es un complemento muy importante", afirma rotundo.

Entre el bajo de la calle Real se ofrecen productos de todo tipo, desde alimentación a droguería. Lo único que no se vende son pescado y carne, por la proximidad del Mercado, en la calle Sierra.

"Sí tenemos embutido y fruta, también una nueva sección de productos ecológicos, muy demandados", señala el pontevedrés.

En este sentido, reconoce que el cliente ha cambiado mucho en los últimos años. "Antes era el comprador del rural el que venía con su bolsa de tela o cesto a comprar y no quería la de plástico; ahora es al contrario: es el de ciudad el que cuida más este aspecto y evita este material para no contaminar", cuenta divertido.

Para Diego Lores es importante que el casco histórico mantenga su población y vecindario. Por ello agradece enormemente la labor realizada por la asociación de comerciantes zona monumental, ACZM.

Aún así, lamenta que siga habiendo muchos edificios vacíos, incluso algunos de ellos rehabilitados recientemente.

Aunque él no lo reconozca, su labor como comerciante en pleno corazón de la zona también aporta su importante grano de arena al barrio, sobre todo en un tiempo en que los ultramarinos casi están en peligro de extinción.

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