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Las 108 primaveras de la “abuela” de la provincia

Asunción, de Chamusiños, Trasmiras,es la penúltima de una generación irrepetible de mujeres del rural, que fueron vientre, pan y azada en cada casa

Josefa rodeada de parte de su extensa familia, ayer, en su casa de Trasmiras. |   // CEDIDA

Josefa rodeada de parte de su extensa familia, ayer, en su casa de Trasmiras. | // CEDIDA Cedida

Los años no pasan por Asunción López, sino que ella misma los ha ido deglutiendo dulcemente y sin miedo, como si fueran golosinas. Y así, con resiliencia, este fin de semana, coincidiendo con el Día de la Madre, Josefa, la “abuela” de la provincia, revalidó su título de capitana de las longevas ourensanas y celebró en su casa de Chamusiños, en el concello ourensano de Trasmiras, su 108 cumpleaños.

Rodeada de parte de su extensa familia, pues tuvo cinco hijos, algunos ya octogenarios, Josefa posó mirando a la cámara que sostenía su bisnieta María, con total elegancia y ese puntito necesario de arrogancia, de quien parece decir “oigan señores que aún estoy por aquí. ¿O qué se creían?”.

"Estaba muy contenta"

Una fotografía que habla por si sola, pues no se sabe si irradia más luz la cumpleañera o la orgullosa familia de Asunción para la que su madre, abuela, bisabuela y desde hace una semana tatarabuela, “es un ejemplo” , del que se confiesan enormemente orgullosos”. Porque aunque ella nunca acierte a saberlo, es una de las últimas representantes de una generación irrepetible de mujeres del rural gallego, que fueron vientre, pan y azada en cada casa.

Aunque ya no puede mantener una larga conversación con ella, “notamos que estaba muy contenta, y era consciente de que el de ayer era un día especial para todos”, explica su bisnieta María.

Además en casa y con la familia la vida es sin mascarilla, “y eso le facilita mucho mejor poder entender lo que decimos”, añade la bisnieta.

Esta mujer, que ha esquivado no solo el COVID, sino también virus tan devastadores como el de la gripe española, que sesgó millones de vidas cuando ella era niña, que vivió en y para el campo, no como a obligación sino como un oficio “del que siempre disfrutó”, afirma su familia, que tocaba la caja en sus pocos ratos libres y amante de la música tradicional de los gaiteiros, a los que desde hace años ya solo puede ver a través del “Luar” de la TVG, tiene ya 108 primaveras, y la paz interior suficiente para celebrar muchas más.

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