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Las escuelas unitarias resisten en el rural

En Vilaza, Monterrei, los alumnos observaron el proceso de metamorfosis de los renacuajos y los soltaron al río convertidos en ranas. | // FERNANDO CASANOVA

La pandemia del COVID-19 ha desviado el foco hacia el rural y las escuelas unitarias también son una pieza clave en el retorno de muchas familias hacia espacios más seguros. Lo constatan las directoras de los dos únicos Colegios Rurales Agrupados, CRA, de la provincia de Ourense, situados en Ribadavia y Monterrei. En ellos cursan estudios de Infantil y primer y segundo curso de Primaria en aulas multigrado un total de 90 alumnos.

La matrícula en estos centros no solo se ha mantenido en las dos últimas décadas, plantando cara a la caída demográfica que sufre la provincia de Ourense, sino que ha crecido este curso y se prevé que siga al alza el que viene. Y no solo en esta provincia, el tirón se ha producido en el conjunto de los CRA gallegos, un total de 26.

¿A qué se debe? La presidenta del consejo escolar del CRA Amencer de Ribadavia, Raquel Rodríguez Giralt, no lo duda: “Al modelo educativo que fomenta una relación más estrecha con las familias, un contacto con el entorno natural y muchas actividades en el exterior”. Las ratios bajas de las aulas multigrado y una docencia que convierte la aldea en una gran aula al aire libre son el reclamo perfecto en tiempos de coronavirus. En el caso de Amencer, que agrupa las escuelas de San Cristovo, Francelos y San Paio, suma 58 alumnos este curso. “En San Paio tenemos ahora mismo 13 pero para el año que viene serán 19, por lo que hemos pedido un desdoble”, señala la directora. En San Cristovo, que tiene 25, ya lo tienen. Del curso pasado a este, el CRA Amencer sumó 9 alumnos nuevos, y el anterior 12.

Aula multigrado en el CRA Amencer de Ribadavia. Fernando Casanova

Monterrei, que agrupa las escuelas de Pazos en Verín y de Vilaza y Vences en Monterrei, ha sufrido más el impacto de la caída demográfica en la comarca. En su origen, en 2008, integraba también las unitarias de A Xironda y Feces de Abaixo, pero ambos cerros acabaron cerrando por falta de alumnado. Pese a todo, desde 2016 el CRA se mantiene con una matrícula estable entre los 33 y los 36 alumnos. “Ahora tenemos 33 pero el curso que viene nos mantendremos porque salen 7 y entrarán 7 u 8 nuevos”, apunta la presidenta del consello escolar Teresa Santamaría.

Viendo una radiografía en la mesa de luz, en el CRA Monterrei. FdV

Esta profesora imparte docencia en el colegio de Vilaza y se reivindica como maestra de escuela unitaria. Enseña en este centro desde 1986 y ahora es profesora de los hijos de sus alumnas. “Es un privilegio”, afirma.

El modelo educativo de los CRA, basado en proyectos diseñados para potenciar las capacidades de alumnos de entre 3 y 7 años que comparten espacio, atrae especialmente a las familias. Blanca Quiroga es madre de Martiño, alumno de 4 años en la escuela de San Paio. Es artesana en el taller de juguetes Ceibe Madeira y el viernes acudió al centro para contar historias a los alumnos con un kamishibai hecho por ella. “Lo que me gusta muchísimo es la ratio porque permite que los profesores se adapten mejor al nivel de cada niño, y en estos tiempos de pandemia, es mucho mejor que sean pocos”. Valora la convivencia que se establece entre niños de diferentes edades que comparten una misma aula: “Aprenden unos de otros, se ayudan y se potencian los valores”. Además, añade, “al trabajar por proyectos adaptados a las edades cada uno aporta lo que puede según sus capacidades y se puede avanzar sin que unos alumnos frenen a otros”.

Blanca Quiroga, artesana y madre en la escuela de San Paio (CRA Amencer). Fernando Casanova

Y en plena pandemia, con estrictos protocolos COVID que limitan el contacto presencial de las familias con los centros educativos, los CRA mantienen la relación. “Involucran a las familias en la labor del centro y eso es muy importante, nosotros somos los dos artesanos y tenemos horarios flexibles por eso yo participo siempre que puedo”, apunta Blanca.

Dos tutoras para 13 alumnos

La directora, Raquel Rodríguez, descarta impedimento alguno a la hora de avanzar en contenidos en aulas en las que conviven alumnos de edades tan diferentes. Todo lo contrario. Y pone el ejemplo de la escuela de San Paio, con tres grupos distribuidos por mesas en el mismo espacio: una para tres alumnos de 3 años, otra para los cinco más mayores de Infantil y una tercera para cinco alumnos de Primaria. “Y dos tutoras cada día trabajando con ellos, además de un profesor para cada especialidad de música, inglés y educación física”, afirma. Con el fin de asegurarse de que su alumnado llega preparado al CEIP cuando acaba su escolaridad en el CRA, el centro mantiene contacto con los tutores del Tomás de Lemos. “Nos gusta preguntar para ver si hay algo en lo que fallamos o si hay que trabajar más alguna materia y siempre nos dicen que no, que no se percibe ninguna diferencia”, señala Rodríguez Giralt.

Educación pegada a las raíces

En una escuela unitaria el contacto con el entorno más próximo y con la naturaleza es la base del modelo educativo. “Es una educación pegada a las raíces”, señala Teresa Santamaría, del CRA Monterrei. En las aulas rurales de este centro es fácil ver a los niños plantando berzas en el huerto, recogiendo una ‘miñoca’ para observarla en el microscopio digital, soltando ranas en el río después de hacer seguimiento de la metamorfosis del renacuajo, haciendo pan o tomando en brazos a un pollo recién nacido en una granja.

Alumnos del CRA Monterrei observan una 'miñoca' por el microscopio digital. FdV

“Es un lujo y un privilegio tener a tu disposición todo un pueblo para educar”, apunta Teresa: “Mi escuela no es solo la de Vilaza, donde soy tutora, son las ovejas del vecino que acaban de nacer, la viña de otro que vamos a vendimiar, el papá que nos ofrece un espacio para un huerto, todo nos sirve para educar”, señala.

Esta directora reivindica el esfuerzo que están realizando los CRA por la innovación educativa en el rural y la inyección de vida que estos centros proporcionan a las aldeas. “No es lo mismo un pueblo con una escuelita en el que un vecino sale a horno del pan y oye reír a los niños o los ve recogiendo hojas, que un pueblo que se queda sin niños. Damos valor al entorno y mantenemos el rural; es el futuro”, señala.

Carencias en infraestructuras e informática

¿El problema? La falta de inversión en los edificios, que son viejas escuelas unitarias muy deterioradas, y la carencia de recursos informáticos. Tampoco tienen servicio de comedor ni transporte por lo que no pueden competir con el resto de centros de la red pública de Educación en materia de conciliación laboral y familiar. Estas demandas son comunes en todos los CRA de Galicia y se gestionan de forma individual pero también a través de la asociación gallega de centros Amcraga. “A veces se piensa que mantener estas escuelas es un lujo, pero no es así, hay recursos que ya están aquí y que se perderían; las ciudades tienen otros medios que no hay en los pueblos, por eso tenemos que reivindicar el derecho a una educación de calidad en el rural”, afirma Teresa.

También Raquel, del CRA Amencer, reclama recursos informáticos y servicios. “Vivimos en el rural, pero las familias que hay hoy en los pueblos no son las de antes, son padres y madres que trabajan, que tienen sus horarios y que necesitan servicios de atención temprana, comedor y transporte como hay en el resto de colegios ¿por qué los CRA no pueden tener eso?”, se pregunta.

Raquel Rodríguez Giralt, presidenta del consello escolar del CRA Amencer. Fernando Casanova

La escuela unitaria Amencer acumula 20 años de historia y una lucha eterna por mejorar sus instalaciones. Hace dos años, relata la directora, coincidiendo con su llegada al centro y la renovación del equipo de gobierno en Ribadavia, empezaron a escucharse las demandas que el claustro llevaba años realizando. “Se hizo un buen trabajo, en San Paio remodelamos todas las aulas, acondicionamos un espacio para la biblioteca y pusimos calefacción de pellets”. Con apoyo de la consellería se realizaron mejoras en San Cristovo y se construyó un patio cubierto en Francelos. Pero todavía quedan obras pendientes y siguen peleando, es el día a día de los CRA. “Son colegios rurales pero tienen que modernizarse también”, reclama Raquel Rodríguez.

La gran demanda es de recursos informáticos. “Tenemos dos ordenadores que no funcionan y los necesitamos para poder trabajar cada día”, lamenta. En Monterrei, lo mismo. Los ordenadores son de 2008: “Tenemos aula digital, impresora, pero hay que renovar. Se hizo una gran inversión para mejorar la red, pero de poco sirve si vamos con carros de vacas”, añade Teresa.

Álvaro Lorenzo, profesor de Música y recursos TIC en el CRA Amencer. Fernando Casanova

A pesar de esta lucha constante por mejorar las dotaciones, los docentes se apañan para innovar y trabajar en las aulas con medios tecnológicos. “Aprendemos robótica y en música componemos nuestra propia música y la grabamos aquí para que conozcan todo el proceso”, pone como ejemplo Álvaro Lorenzo, profesor de Música y recursos TIC.

El modelo de estos centros fue elegido por la Fundación Princesa de Girona para impulsar el proyecto “Generación docente”, que busca formar a los maestros del siglo XXI en una educación más implicada con el territorio. Cuatro de esos jóvenes hacen prácticas en estos CRA. “Es un orgullo que un proyecto a nivel nacional nos haya elegido y haga visible un modelo educativo del que nos sentimos orgullosos”, concluye Teresa Santamaría.

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