Suscríbete

Faro de Vigo

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Juan Carlos Herrero

La luz y los pelos de punta

Acaba de arrancar el año y seguimos con los pelos de punta, a lo punk rock puro y duro, en particular para los consumidores de energía eléctrica. El presidente Sánchez ya anunció lo de los kilovatios que entran por los que salen para final de año. No hay quien se lo crea.

Los pelos se erizan por electricidad estática. También por la dinámica de los precios. No ganamos para sustos. Lo de los pelos tiesos lo pusieron de moda grupos como Alaska y los Pegamoides, Kaka de Luxe o Parálisis Permanente. Ya estos nombres, cogidos por los pelos, dejan entrever el ánimo en cada recibo de la luz que nos llega.

En las casas se nos eriza el pelo por la combinación de recibir carta de la empresa concesionaria que suministra energía. A la vez salía Alaska, María Olvido para los íntimos. La famosa se exhibe en televisión apoyando el lema “Más fuerte que un volcán”. Eso es admirable, pero su pelo tira a lacio, tuvo más picos la gráfica de precios kilovatio hora, bastantes más.

Lo que no es de recibo, el de la luz, es que doña Olvido se deje fotografiar con el fondo de anuncio que acompaña al lema. Que salga el plátano de Canarias es más auténtico, pero ya dar pábulo a la eléctrica es pa’ nota. Al anuncio de Olvido se sumó la carta que nos remite la compañía eléctrica. Después del pelotazo, trescientos ochenta euros el kilovatio hora, tienen la osadía de recordarnos, en enero, los puntos alcanzados por los consumos. Aquí vendría bien lo de los Pegamoides, te la pegan con queso.

Como si fuesen los palotes de los niños, pautan en papel-carta los puntos que tienes por kilovatio hora, y los que has perdido por no canjearlos. Por ejemplo, puedes canjearlos por una camiseta de hombre anuncio.

Vas haciendo el primo por la calle, dando bombo a su logotipo después de llegar a los cuatrocientos euros el kilovatio hora. Uno ya no sabe si le quedan los pelos de punta o si le toman el pelo. ¿A quién le importa? Diría Olvido. Y tiene toda la razón.

Compartir el artículo

stats