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Faro de Vigo

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A diferencia de Lituania y su glorioso pasado medieval o incluso su novedosa confederación con Polonia tras la unión de Lublin, Letonia solamente ha sido independiente dos veces en su historia. En el periodo de entreguerras y en la época actual tras la caída del muro de Berlín y el colapso de la URSS. Lo cual no impidió que su territorio haya sido escenario de importantes episodios históricos.

Habitadas por tribus baltas, algunas muy belicosas como los curonios, (conocidos también como los vikingos bálticos), se mantuvieron paganos hasta bien entrada la edad media. Posteriormente serán cristianizados y gobernados por los alemanes desde el siglo XI, serán ellos los que funden Riga, como ciudad hansiática a principios del siglo XIII, mientras que a nivel político y religioso el poder recaerá sobre la orden de los hermanos livonios de la espada. Esta es la época de Livonia, que engloba a lo que hoy son Letonia y Estonia. La batalla de Grunwald o Zalgiris, (1410), marcó el auge de Polonia y Lituania y el inicio del ocaso de las órdenes religiosas germanas. Así, tras la denominada guerra de Livonia (siglo XVI), el territorio pasa a control de la mancomunidad polaco-lituana.

Una calle de la capital de Letonia, Riga, decorada con un árbol navideño. / Efe TOMS KALNINS

Un dato curioso que muchos desconocen es que en esta época Letonia fue una potencia colonial. Bueno… Letonia como tal no existía todavía, pero uno de sus territorios, el ducado de Curlandia (ducado vasallo de la mancomunidad), llegó a ser la metrópoli de dos colonias. La isla de Tobago, en el caribe, a la que denominaron “Nueva Curlandia” y Gambia, en África occidental, estableciendo un fuerte en una isla del estuario colonizada por letones. Fue una aventura relativamente breve que no duro más de unas décadas (diez años exactos en el caso de Gambia), pero que pone de relieve la prosperidad económica y la vertiente comercial del pequeño ducado.

Aunque gran parte del territorio permaneció bajo dominio polaco-lituano hasta las particiones de finales del XVIII, Riga fue conquistada por Suecia en el siglo XVII. Posteriormente, tras dichas particiones, la mayor parte del territorio incluyendo a Riga pasaría a dominio de la Rusia zarista, con una aristocracia de origen alemán y una administración y burguesía de origen ruso. Algunas obras como “un drama en Livonia” de Julio Verne, son un buen reflejo de la sociedad letona del XIX.

"La Letonia actual es hoy en día una república dinámica y activa, firmemente anclada en la UE y en la OTAN"

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Letonia tuvo una singladura similar a la de las otras dos repúblicas bálticas durante el siglo XX. Independiente en el periodo de entreguerras, y sometida a la URSS tras la segunda guerra mundial y hasta el colapso de esta. La Letonia actual, pese a su pérdida de población desde la segunda independencia, es hoy en día una república dinámica y activa, firmemente anclada en la UE y en la OTAN. Sin embargo, han levantado encendidas polémicas, tanto a nivel interno como internacional, dos asuntos muy sensibles. Por un lado, el privar de ciudadanía a un importante porcentaje de su población de origen ruso, a la que se le ha obligado a pasar un difícil examen de nacionalidad, incluyendo el dominio de la lengua letona (también hay quien critica que el ruso, aun siendo una lengua ampliamente extendida no sea oficial). Los detractores de esta política de apátridas entienden que no se habrían respetado los derechos civiles de sus minorías, mientras que los que la defienden señalan que dicha minoría fue “exportada” en época soviética y que los descendientes rusos anteriores a 1918 son considerados nacionales de pleno derecho. También indican que el haberle dotado de ciudadanía, desde el principio, hubiese puesto en riesgo la supervivencia del propio estado letón ya que formaban amplias mayorías en algunas partes del país. (De hecho, siguen siendo mayoría en la capital, Riga y en la provincia de Latgale).

"Riga albergó también a muchos voluntarios de la División Azul"

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Por otro lado, la segunda polémica tiene que ver con la autorización para los homenajes anuales de los veteranos de las waffen-SS. Hay que precisar que Letonia apoyó mayoritariamente a Alemania en la segunda guerra mundial pensando que Hitler, tras la ruptura del pacto Ribbentrop-Molotov y la operación barbarroja, les ayudaría a recuperar su independencia, por lo que muchos jóvenes se presentaron voluntarios a este cuerpo de élite de Himmler. Muchos nacionales letones que están en contra y las comunidades judías son muy críticos con estos homenajes debido al sufrimiento causado por el nazismo, mientras que los que lo apoyan, defienden el derecho de los veteranos a realizar un homenaje a sus caídos y a su participación en el conflicto independientemente del bando en el que combatieron. Por cierto, Riga albergó también a muchos voluntarios de la División Azul e incluso algún veterano letón me comentó, en su momento, la camaradería que compartían con los españoles y su admiración por el arrojo y la valentía de estos. En cualquier caso, pienso que se trata de dos polémicas con fecha de caducidad, ya que, con el paso del tiempo, cada vez quedan menos ciudadanos apátridas y menos veteranos de la segunda guerra mundial.

Las relaciones con España son muy buenas. Como alguna vez he ironizado, somos de las pocas potencias históricas europeas que nunca les ha invadido, pero, bromas aparte, Letonia aprecia sinceramente nuestra contribución, en el marco OTAN a su seguridad. Además de las labores de policía aérea desde las bases de Lituania y Estonia, pero que también cubren Letonia, el ejército de tierra tiene un destacamento permanente en la ciudad de Adazi.

Es, en definitiva, un país pequeño, pero con una intensa historia, con bellísimas ciudades empezando por su capital, Riga, con numerosos lagos y grandes bosques y con una costa sorprendente y magnifica, de playas kilométricas flanqueadas por dunas y por extensos pinares. Para los que no lo conocen un lugar que merece la pena descubrir.

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