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El fin de la reflexión de Ana

Ana Pontón, paseando con su hija, en una imagen de archivo. FDV

Ana se paró, sacó el guante, desafió a propios y a extraños, y volvió a ponérselo. Casi nadie se dio cuenta de las guantadas que repartía mientras reflexionaba, pero sus reflexiones han quedado impresas en numerosas mejillas de la UPG.

Sabe que con el apoyo exclusivo de los que se sienten nacionalistas nunca llegará a Monte Pío, que esto no es Euskadi, ni tan siquiera Cataluña; el nacionalismo estructural, el ideológico, en Galicia tiene límites, pero la defensa de los intereses del Galicia no, esa es ilimitada.

La diferencia entre ambos es clara, el primero es un clivaje el segundo un “issue”, un tema. Las posibilidades del BNG de llegar a Monte Pío pasan por convencer a los gallegos de que son el partido que mejor defiende los intereses de Galicia, y hacer después que ese tema funcione como un clivaje en la construcción electoral. Algo semejante a lo que intentó Beiras en un momento dado, aunque el líder nacionalista estaba por entonces demasiado sometido a su propio personaje.

Ana, sin embargo, no está condicionada por esa carga, su performance es todavía maleable tanto para convertirse en la líder del independentismo gallego como para institucionalizar una nueva era del nacionalismo que compita realmente con el viejo “galleguismo” del PP.

No es un camino fácil pero nunca el BNG tuvo una ocasión tan propicia para afrontarlo. El problema es asumir cuantas plumas está dispuesta a perder por el camino, porque para este viaje es necesario no sólo cambiar el objetivo sino también crear una nueva cultura política en la organización nacionalista, comenzando por entender que no puedes instrumentalizar y hacer excluyente lo que es patrimonio común, como la identidad o la lengua, aunque haya formas diferentes de acercarse a ambas.

Nadie creyó nunca que Pontón estuviera reflexionando sobre si seguía o no; no había llegado hasta aquí para dejarle ahora el camino a otro; lo que realmente pidió Pontón fue una reflexión colectiva para saber con cuantos apoyos iba a contar para intentar su próximo desafío. Y todo indica que nadie se ha atrevido a recoger el guante.

Es de esas lideresas que gana con el tiempo; se conoce bien, no es una gran improvisadora, por eso deja pocos espacios a la improvisación y a la ocurrencia; planifica, se prepara los argumentos, se refuerza en los datos, y al final resulta contundente. Pero ahora está hablando de palabras mayores; cuenta con la oportunidad de tener durante los próximos tres años al líder del PSdeG fuera del Parlamento de Galicia, y está obligada a aprovecharlo, porque ahora sí, de facto, sólo habrá en la cámara una líder de la oposición y un líder del gobierno.

Necesita ampliar su base hacía el centro; no lo puede hacer en el eje ideológico pero sí en el identitario. Feijóo mira a España y para Pontón es el momento de acercarse a ese galleguismo “soft” que no cree en la nación pero se asienta en la defensa de los intereses de Galicia, de todos los intereses de Galicia y no sólo en los de clase. La lucha por la bajada de precios de la autopista ha sido un buen ejemplo del tipo de políticas con el que se anda ese camino, y Pontón se ha sentido cómoda con el argumentario de esa defensa. Fin de la reflexión.

*Politóloga

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