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José Manuel Ponte

Inventario de perplejidades

José Manuel Ponte

Otra visión de la historia

El otoño es la estación más literaria. Los escritores presentan las novedades que estuvieron cultivando, en soledad, el resto del año; y los editores escogen los títulos que pueden proporcionarles las mejores ventas en el mercado. Se cuentan por millones las hojas que, estos días, caen de los árboles y de las imprentas, y el espectáculo de la gente que rebusca en las librerías el alimento espiritual que necesita es tan estimulante como el de los que van al monte a por setas con una cesta.

En cualquier caso, conviene ir acompañado de un experto que nos indique cuáles son las aptas para el consumo humano. Porque una ingesta de setas tóxicas puede resultar tan peligrosa como unas malas lecturas. No es el caso del editor e historiador catalán Gonzalo Pontón, que acaba de publicar “España. Historia de todos nosotros desde el Neolítico hasta el coronavirus“, un sólido libro de 908 hojas (o páginas) en el que ofrece una visión pesimista de nuestro país, en la línea de “La lucha por la desigualdad”, una obra que fue Premio Nacional de Ensayo en 2017.

Según dice Pontón, “hemos sufrido las clases más corruptas, reaccionarias e incompetentes de toda Europa; Rusia aparte, no creo que exista en ese sentido un pueblo más desgraciado en el continente que el español. Unas clases que ni en el campo ni en la ciudad han tenido necesidad de invertir en tecnología o en desarrollo porque han gozado de una mano de obra constante, abundante y barata; porque su mentalidad ha sido vivir de rentas".

La descripción es contundente pero nadie podría desmentirla echando mano de los datos reales. España es el país de la Unión Europea donde más crecieron las desigualdades sociales y donde menos oportunidades tienen los jóvenes de encontrar un puesto de trabajo con un sueldo digno. La lista de carencias es amplia y abarca casi todos los periodos históricos, así como las manipulaciones que desvirtuaron su legado. Desde la llamada Reconquista cristiana de Al Andalus hasta la conquista de América, la limitadísima revolución industria, las dos Repúblicas, la Guerra Civil, la dictadura franquista y la transición a la democracia. Echa en falta Pontón que no se haya podido construir una infraestructura sólida tanto en lo económico como en lo social.

La burguesía liberal del siglo XIX también aspira a ser rentista, y se le llama inversión a lo que solo son ‘pelotazos’, estafas al Estado y colonización especulativa desde el exterior. Más o menos el paisaje que contemplamos ahora. Con fondos de inversión y especuladores como principales propietarios. Tampoco se libran de las críticas los políticos que despilfarraron la oportunidad de modernizar en serio el país con obras disparatadas. El presidente republicano Alcalá Zamora fue un señorito cordobés que obstaculizó la reforma agraria; y también salen malparados Santiago Carrillo y Felipe González (“el mayor privatizador de toda la historia de España”).

Por último, sobre la Transición de concesiones para que no dieran el golpe de Estado escribe lo siguiente: “No se hizo limpieza de nada de la estructura franquista; ni de la judicatura; ni de los estamentos policiales y militares, a los que se hicieron concesiones para que no dieran el golpe de Estado que acabaron dando, con un papel ambiguo del rey Juan Carlos I”.

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