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Pilar Garcés opinión

el desliz

Pilar Garcés

El Nobel es cosa de hombres

Siempre es un buen momento para dar un paso atrás. Los galardones internacionales más prestigiosos arrinconan el talento femenino y arrojan una desoladora proporción por sexos

Los Nobel de este año son todos hombres. Once señores. No habrá mujeres subiendo al estrado en la gran noche sueca del talento mundial. Se tenía que decir y se dice, qué menos. Para que no parezca un accidente, o una cosa irreversible como el deshielo de los casquetes polares. Para que no parezca un episodio inevitable de esos que nos manda la madre naturaleza por su cuenta y sin pedirlos, como la erupción del volcán de La Palma. La inercia no es nuestra aliada, amigas. Los sesudos comités de las academias suecas se dejan llevar y les sale la alineación de la selección española, o la Santa Cena, o la tuna, o una reunión de quintos de la mili del año 1967. Ni una premiada. Se protesta en las redes sociales y te contesta una avalancha de explicaciones condescendientes que se resumen en una: pues será que este año los hombres son mejores. Pues claro que sí, amén a esa verdad que se ha repetido por los siglos de los siglos. Seguro que los científicos galardonados a pares e incluso tríos este año ya eran mejores el año pasado, cuando se destacó a alguna colega y ocurrió el milagro de la igualdad. Seguro que existe alguna estudiosa en algún laboratorio, en alguna universidad, con méritos suficientes, y eso por no abusar de la baza de la escritora.

Siempre es un buen momento para dar un paso atrás. Los galardones internacionales más prestigiosos arrinconan el talento femenino y arrojan una desoladora proporción por sexos

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De los 600 galardones que ha entregado a lo largo de su historia la institución legada por Alfred Nobel, solo 58 han recaído en mujeres. No hace falta que te den el Nobel de Economía para percatarte de que esta proporción resulta inquietantemente baja, ni haber inventado la pólvora para deducir que algo malo ocurre, ni que te den el Nobel de Física para descartar la invisibilidad del género femenino como factor de esta ecuación; no es posible que todas las genias sean absorbidas por el mismo agujero negro. La pereza de ir un poco más allá favorece el machismo, la falta de visión de conjunto alimenta el machismo y la ausencia de compromiso en el reconocimiento de la excelencia humana arroja un resultado machista. Tal debió ser el susto al ver la quiniela de la Liga de Campeones que les había quedado en Estocolmo este 2021, y la reacción subsiguiente del público, que los organizadores llamaron corriendo a Oslo, que tiene una sucursal diplomática de los Nobel, un premio de relumbrón. “Que metáis una mujer en el Nobel de la Paz, que ya nos están criticando las feministas”. “Pero si ya tenemos a un periodista muy comprometido, ruso...”. Es ficción, claro.

Once señores. No habrá mujeres subiendo al estrado en la gran noche sueca del talento mundial

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Porque para nada querría yo desmerecer el trabajo de María Ressa, una reportera valiente, icono mundial de la libertad de prensa desde su portal de noticias Rappler, y a la que el gobierno de su país Filipinas ha tardado cuatro días en felicitar por el galardón. Trabaja entre amenazas y pleitos, denunciando la corrupción y la violación de los derechos humanos. Una mujer que dignifica el galardón que recibió Barack Obama, que se sentaba a mirar en acción los drones que enviaba para matar gente. Y una mujer que se suma a la minoría femenina que lo han recogido desde que se instituyó, 17 frente a 115 hombres. Debe ser que el pacifismo tampoco se nos da bien, aunque mejor que la Física (4 premiadas frente a 209) o la Economía (2 premiadas frente a 84, y ambas ex aequo). Si no despuntamos en la paz, aunque las guerras no las solemos empezar nosotras, tendremos que seguir dando la misma batalla contra el arrinconamiento que no da tregua. Este año, como el pasado y peor que el pasado.

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