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Javier Cuervo.

Un millón

Javier Cuervo

¡Gracias, Escrivá!

Para los niños, los viejos son mayores. Para los adolescentes, los mayores son viejos. Para los jóvenes, los mayores son obstáculos. A partir de los 40 se adquiere sola la habilidad de calcular la edad de las personas, lustro arriba, lustro abajo.

Lamento desmentir que la Organización Mundial de la Salud haya reclasificado como jóvenes a las personas entre 18 y 65 años. No es así. Lo hizo creer un meme que declaraba la edad media de los 66 a los 79, la ancianidad de los 80 a los 99 y llamaba a los centenarios mayores de larga vida. “Efeverifica”, de la agencia de noticias “Efe”, desmiente esta mentira piadosa. A partir de los 60 empieza el envejecimiento para la OMS, envejecimiento saludable, claro.

Eso no cambia, pero José Luis Escrivá, ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, pide a la sociedad española un “cambio cultural” para trabajar hasta los 70 o 75 años, es decir 10 o 15 años en el envejecimiento. La OMS define la salud como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. Sus colegas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) hincan el pie en que la salud es imprescindible para trabajar y que las condiciones en las que se realiza el trabajo pueden perjudicarla.

Escrivá no viene de la salud ni del trabajo, sino de la fiscalidad y de los pagos y lo que ve es que a la Seguridad Social no le salen las cuentas. No mira que el mercado laboral español lleva décadas expulsando gente antes de alcanzar la edad de jubilación como única forma de facilitar la entrada de los jóvenes y de ir favoreciendo la bajada de los costes laborales a los empresarios. Parar esas ayudas es un cambio político, pero intentar que haya un cambio cultural sin que se den las condiciones económicas es la mentira enfermiza que cuela el liberalismo crudo a los jóvenes haciéndoles individualmente únicos culpables (no responsables) de su paro y de su precariedad. Que haya que trabajar hasta los 75 y no haya dónde trasladaría eso a la vejez. ¡Gracias, Escrivá!

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