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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

La reacción

Así que, la verdad sea dicha, no parece muy razonable que la Xunta no disponga todavía de información oficial acerca del trabajo –recién publicado en este periódico– de las universidades de Vigo y Santiago sobre el cambio climático que se avecina y sus posibles efectos en Galicia. Ni razonable ni tranquilizador: lo primero, porque si bien el asunto no es nuevo; los detalles, sí, e inquietan; lo segundo, porque la perspectiva, si no hay medidas preventivas, acabará por convertirse en una emergencia, y de eso tampoco anda sobrado de prevenciones este Antiguo Reino.

A partir de la idea de que no se trata de alarmar a una sociedad que lleva casi año y medio en prevengan, procede añadir que los informes que se comentan constituyen un motivo para la reflexión. Si las estadísticas que aparecen son correctas, y no hay motivo dado su origen para dudarlo, el cambio de que se habla generará consecuencias severas no solo en el clima, sino en. sus efectos sobre la vida actual de todos los seres, humanos, animales y plantas. Para los primeros modificará su economía y la forma de vivir; para la fauna y la flora, sus condiciones de supervivencia.

O sea, que lo del cambio climático –que dejó de ser una teoría hace mucho– se convierte en un problema inmediato, tanto por el plazo –aunque a primera vista habrá alguien que diga aquello del “largo me lo fiáis...”– como por la aparente ausencia de medidas preventivas; que quizá las haya, pero que en todo caso podrían y quizá deberían estar ya actualizadas y a disposición de la ciudadanía. No hace demasiado tiempo, y sobre el Plan Estratégico de Emergencias, quedó expuesta la opinión de que ofrecía incógnitas y huecos que habría que rellenar.

Ahora, el anuncio de que los veranos gallegos serán más largos y más calurosos –“tórridos”, dice el informe– y la media de días en los que el termómetro marcará récords y llegará a crecer en un 50%, hace obligada y urgente la información de que dispongan los gobiernos y la previsión de recursos necesarios para hacer frente a lo que se viene encima. En un plan que habrá de coordinarse, atendiendo a las singularidades, de una forma clara, sin que cada cual interprete las normas como quiera. Porque otra vez diecisiete políticas no es recomendable ni, seguramente, imaginable.

El pronóstico para Galicia resulta especialmente grave en tanto que afirma que las dos provincias interiores, Lugo y –sobre todo– Ourense, padecerán con más rigor el nuevo clima. Y ese dato, en una parte del país que ya sufre otros rigores, desde la media de edad a la dispersión poblacional pasando por el abandono de los habitantes más jóvenes, se convierte en una especie de peligro público número uno. Que exige una reacción no ya inmediata, sino incluso anterior a que ocurra la acción que la provoque, que en este caso será el clima. Y no bastará con lamentarse y decir aquello de “¡lo que faltaba...!”: habrá que actuar desde ahora.

¿No...?

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