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José Manuel Ponte

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José Manuel Ponte

Cuatro libros para la pandemia

Aterrizan en la mesa de mi despacho varios libros de ese género literario tan en boga que es una mezcla de reportaje periodístico, novela negra, dietario, apunte biográfico, memorialismo, cotilleo y varios ingredientes más, todos ellos adobados de intencionalidad política y oportunismo editorial. De los que puse sobre el atril para ir leyendo tranquilamente en este tiempo de pandemia, el de más enjundia literaria es el de Juan Marsé, “Memorias que nunca escribiré”, del que ya hice mención y glosa en un artículo precedente. En los apuntes sobre aquel mayo de 2004 tan parecido por el clima cambiante a este que ahora transitamos, Marsé anota: “Leo cosas de Aznar que me confirman su condición miserable; habla del ‘partido del odio’ en referencia clara a los socialistas”. Y más adelante un propósito: “Me gustaría alcanzar una prosa desprovista de estilo y capaz de ocultar tras ella a los personajes y a mí mismo”. Cualquier degustador de su obra coincidirá en opinar que lo ha conseguido no pocas veces.

Tras el libro del autor, entre otras obras de “Últimas tardes con Teresa”, escogí, para rendir tributo a la rabiosa actualidad (por veces demasiado rabiosa), un libro de Joaquín Leguina titulado “Pedro Sánchez, historia de una ambición” que acaba de salir de imprenta. El momento escogido por la editorial no puede ser más oportuno porque a Leguina y Redondo Terreros, dos camisas viejas del PSOE, les ha sido abierto expediente de expulsión por el actual equipo directivo que estaba muy molesto por las críticas que recibía de ambos desde tertulias mediáticas orientadas inequívocamente hacia la derecha.

Los que somos contemporáneos del economista cántabro podemos coincidir en muchas de las observaciones que hace sobre la evolución de la política española desde la muerte de Franco. Al fin y al cabo, ya son historia y por tanto susceptibles de ser objetivables al margen de la pasión política de cada cual. En ese sentido, en el libro de Leguina hay dos partes claramente diferenciadas. Una se dedica a la descripción de los principales problemas que, a su juicio, tiene la nación (el desmadre catalán, la invasión verde, la invasión del feminismo radical, los ataques a la Constitución de 1978, el caudillismo, etc). Y, otra, a describir la tremenda ambición y ansias de poder de Pedro Sánchez, que ha ido apartando de su camino a todos los que pudieran molestarle. Muy curiosa la descripción que hace del primer encuentro con la que luego sería su esposa, en la fiesta de cumpleaños de un amigo. “Él tenía treinta años. Ella era una mujer alta y rubia. Desde entonces nunca se han separado”. Los otros dos libros que me ayudaron a sobrellevar el confinamiento decretado por la lucha contra la pandemia fueron “Cambalache”, del abogado catalán Javier Melero, y “El hijo del chófer”, de Jordi Amat, escritor y filólogo cuya familia estuvo muy relacionada con Josep Pla, quizás el mejor prosista en lengua catalana del pasado siglo.

El libro de Amat comienza con la descripción de la agonía y muerte de Pla y termina con el asesinato de Victoria, pareja del periodista Alfons Quintá, que luego se suicidaría. De Melero, que fue abogado de los Pujol y de los dirigentes independentistas del ‘procés’, hay que alabar su buen estilo y su sentido del humor.

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