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Pedro de Silva.

El pasado siempre está bien donde está

En una entrevista, la gran Marianne Faithfull dice, tras morir casi de COVID, que desearía no haber fumado un cigarrillo, ni bebido una gota de alcohol ni haber probado las drogas. Vale, Marianne, vale, ¿quieres decir que desearías no haber sido Marianne Faithfull, metida de lleno en un tiempo vertiginoso, mágico y terrible, cuya portentosa potencia creativa exigía la pasión destructiva de sus protagonistas, como la llama surge de la consunción de la madera? Hazte mejor la pregunta de si hubieras vuelto a hacerlo y búscale una respuesta. Habrá que hacerse en seguida con su último disco, tras la resurrección, o lo que sea. Aquel tiempo dejó muchos muertos por el camino, alguno se reinventó como pudo o vivió del impulso remanente de sus pasadas turbulencias, y el mayor y más viejo de sus profetas, el milagroso y malvado William Burroughs, acabó escribiendo a sus gatitos.

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