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Herminio Huerta

Para cambiar

Herminio Huerta

Una de optimismo

No hace falta ser muy perspicaz para ver la avería que ha provocado el virus en el sistema económico español, donde ha causado un estrago superior al deterioro en otros países, debido, en parte, a que la aportación del sector turístico a nuestro PIB supone un extraordinario 14%. No obstante, a pesar de la caída del 15% de nuestra riqueza, de ocasionar un millón de parados más y de provocar el crecimiento de la deuda pública a niveles del 118 % (ya saben que es más de lo que produce España en un año), yo creo que hay que ser optimistas.

No cabe duda de que muchas empresas y establecimientos se quedarán varados en el camino; sin embargo, soy optimista respecto al repunte que se va a desencadenar a partir de los meses de julio y agosto de este año, apoyado en los avances de la vacuna y, como consecuencia de ella, en el rebote del consumo de las familias.

Los ciudadanos estamos hartos de tantos confinamientos y privaciones de movilidad y, en cuanto se sientan un poco más seguros y confiados, vendrá una oleada de consumismo de bienes y servicios que beneficiará claramente al sector servicios, principalmente al hostelero y de viajes. Esta misma tendencia se verá a nivel europeo, lo cual, aunque no lleguemos a los niveles anteriores a la pandemia, ocasionará un rebote de esos sectores arrastrando la creación de empleo.

"Varias generaciones venideras tendrán que pagar los pufos del país, y, en consecuencia, habrá menos recursos disponibles"

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Otra cosa es el endeudamiento y el déficit publico que será muy difícil, yo diría que imposible, de reducir en los próximos cinco años, lo cual se traduce en un problema que, además se podría agravar cuando los tipos de interés se den la vuelta. Hay que ser conscientes de que este año 2021, los intereses de la deuda nos costarán 31.000 millones y, además tener presente que cada 1% que suba el tipo de interés del dinero (ya se habla de repunte de la inflación), el aumento será de 14.000 millones de euros, lo que merma la posibilidad de destinar fondos para inversiones en infraestructuras y servicios comunes a los ciudadanos.

Ustedes se preguntarán: ¿puede soportar nuestro país estos niveles de endeudamiento? La respuesta es que sí, mientras el Banco Central Europeo no retire su programa de compras (en el año 2020, solamente de deuda española, adquirió 120.000 millones ) y los tipos de interés se mantengan en el bajo nivel actual. A largo plazo es cuando se originará el mayor problema, que afectará a los jóvenes hasta tal punto que varias generaciones venideras tendrán que pagar los pufos del país, y, en consecuencia, habrá menos recursos disponibles, lo que afectará a su estado de bienestar; pero, como dice Pepín Pola: el que venga detrás, que arree.

A pesar de esta hemorragia de datos negativos que acabo de consignar, insisto en que soy optimista a corto plazo, y en la mitad de este y en los próximos dos o tres años veremos una explosión de consumo llevados por la alegría de superar este periodo de oscuridad. Es algo parecido a lo que ocurrió pasada la Primera Guerra Mundial, que vino el desmadre de los felices 20; después de la Gran Depresión del año 29, que se desbordó la euforia del desarrollo con el New Deal, y, con posterioridad a la Segunda Guerra, con los planes Marshall para Europa y Japón.

Pues... ¡que empiece pronto la juerga!

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