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Javier Sánchez de Dios.

CRÓNICA POLÍTICA

Javier Sánchez de Dios

El gran engaño

Una de las ventajas de la democracia consiste en el ejercicio de las libertades, entre ellas la de opinión –que tiene matices con respecto a la de expresión–, y ese es uno de los terrenos en los que en términos de España el sistema está retrocediendo. Al menos desde un punto de vista particular, aunque baste un repaso a los entornos de la coalición de gobierno, y al gabinete mismo, para comprobar qué dicen, y cómo descalifican –verbalmente y con acciones concretas– a quienes manifiestan desacuerdo con su disparada estrategia. Que día a día se va convirtiendo en un gran engaño o una gran estafa política, como se prefiera definir.

Para argumentar esta opinión hay datos suficientes que la hacen medible. Y no solo los ya referidos acerca de la farsa de las “ayudas” –hay que devolverlas con intereses, un detalle que se camufló–, sino por el proyecto de presupuestos generales del Estado 2021, que destina a Galicia casi 900 millones para inversión –el once por ciento menos que durante el último Gobierno del señor Rajoy, que ya había reducido un 30% el anterior– mientras a otras comunidades le sextuplica la dotación. O el reparto de los fondos contra el Covid, más de 27.000 millones, de los que a este Reino le adjudican unos 250.

Hay algo todavía peor, ya comentado en alguna ocasión. Y es que la única ley que parece dirigir los destinos estatales y con ellos los de Galicia, incluso malgré elle, es la de Murphy. Y como establece que lo susceptible de empeorar empeora, se destina al Noroeste mucho menos que al Corredor Mediterráneo; a este Reino, cien millones menos para fomentos del empleo; no se le devuelve el importe adelantado del IVA y la referencia a la rebaja, que no supresión, del peaje, es solo –salvo lo de Rande– un complemento de lo que ya existía. Quizá conforte al BNG.

En definitiva, y sea cual fuere el color del cristal con que se miren, las cuentas del Estado para Galicia no solo son insuficientes, sino injustas en términos de. Pero confirman lo ya denunciado reiteradamente: que esta coalición de PSOE y Podemos es nociva para los intereses de este antiguo Reino y certifica que el proyecto anterior, fallido, era solo el prólogo de lo que vendría después y eso aunque por entonces no había estallado la pandemia. Y quizá por eso todo lo ocurrido influyó en el 12/J y sus resultados: los pueblos tienen memoria.

A estas horas, la mayoría de las fuerzas políticas y sociales gallegas han criticado el anteproyecto de la coalición con diversos adjetivos pero una coincidencia: que son inaceptables. Con la excepción del llamado PSdeG-PSOE –para ser exactos, de la todavía dirección y alguna queja débil de su apéndice sindical–, que expresan así su docilidad y sometimiento a Moncloa. Y de paso, pierden un poco más de la ya muy escasa credibilidad que le queda. Y a fe que es una lástima para todos los que defienden que los partidos, nuevos o antiguos, han de ser serios.

¿No…?

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