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Javier Sánchez de Dios.

CRÓNICA POLÍTICA

Javier Sánchez de Dios

Los diseños

A este paso, y a la vista de cómo acelera el paso Portugal, el señor presidente Feijóo necesitará un cambio de espejo en el que, según él mismo dijo, hay que reflejarse para atraer inversiones. El motivo principal consiste en que mientras Galicia mira, el país vecino hace. Y la noticia que acaba de publicar FARO DE VIGO acerca de la corriente de empresas que fluye hacia allí tras anunciarse en Lisboa la pronta aprobación de una nueva ley medioambiental, certifica que aquí –dicho con el mayor de los respetos– la Xunta está aún entre la propaganda y la esperanza.

No es criticar por criticar, conste. Desde la conciencia de que eso resulta mucho más fácil que decidir, parece útil insistir –con ejemplos– en que el Ejecutivo autonómico resulta por ahora más fértil en proyectos, diseños y buenas intenciones que en hechos concretos y palpables. Tantos que, al menos como opinión personal, no estorbaría recordarle la sabiduría que encierra el refranero, y en especial uno que avisa –de que se incluyen en el catálogo, hoy tenido por “obsoleto”– lo de que “quien mucho abarca, poco aprieta”. Y a fe que tiene años la advertencia.

El prefacio viene a cuento de que, de un tiempo a esta parte –y desde luego dentro de plazo, aunque la catástrofe anunciada todavía no se consumó del todo–, desde la Xunta remiten continua información sobre proyectos que, de aprobarse, significarían abundantes puestos de trabajo y pingües inversiones que le vendrían como el maná a este antiguo Reino. Y algunos, malvados partidarios de no hacer jamás un elogio, suponen que tal generosidad informativa se orienta sobre todo a la propaganda que proporciona moral a la tropa en tiempos de turbación.

Conste que no les faltaría algo de razón. Manteniendo la referencia que el propio don Alberto Núñez estableció, no es discutible que mientras el Gobierno socialista más inteligente de Europa, que es el de don Antonio Costa, rebaja impuestos, pacta con sus municipios para posponer tasas y con la Administración para agilizar trámites, el –gobierno– gallego de centro/derecha anuncia que hará algo parecido, pero la cosa por ahora se queda en el limbo legislativo. Sus señorías todas, en Santiago, están ocupadas en ponerse a parir unas a otras. Y así llevan años.

Nadie en su sano juicio osaría censurar que este antiguo Reino, con tantos diseños y proyectos presentados para buscar recursos europeos contra los daños del Covid-19, apareciese como avanzado de la modernidad y obtuviese lo que busca. Pero, hablando de refranes, hay otro que viene como anillo al dedo: “a Dios rogando y con el mazo dando”. O sea, que en Galicia se haga como en Portugal, agilizar la Administración, rebajar impuestos, pactar con fuerzas políticas diferentes y legislar de verdad para todos. Cierto que se habla de gobiernos diferentes, y el de Madrid se parece al de Lisboa como una castaña a un huevo, pero el del señor Feijóo tiene margen de maniobra, y cuanto antes proceda a utilizarlo, mejor.

¿Verdad...?

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