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Olga Seco Seco.

¡Mira qué es jocosa la ignorancia!

Es inútil abordar determinadas cuestiones. Junto a la falta de pensamiento, lo tengo claro, se palpa la simplicidad vestida de furia. A día de hoy, junto al refinamiento del silencio, se desnuda la razón para no hablar. Es "maravilloso" ver el estrecho compañerismo que tienen los ignorantes entre ellos. La verdad (sonrío) combinan a las mil maravillas la histeria y la indignación. Me produce cierto asco descubrir, que lo civilizado está pasado de moda y que a día de hoy lo fundamental es hablar. ¡Mira qué es jocosa la ignorancia, todo le molesta! Hay cosas que son el perpetuo estado de la fatalidad... Ya lo creo, ya. En otros tiempos, los ignorantes fueron reducidos a nada; sí, el arte y la literatura los puso en su sitio. Ahí están los bobos que pintó Goya (hace tiempo les dediqué una columna) o los maravillosos textos de Góngora, Quevedo, y otros tantos ilustres más. Es saturante ver la imperiosa necesidad que tienen de hablar, pero es curioso, siempre hablan de otros.

Hay cosas que hay que forzarlas; sí, junto a la complacencia de escribir está el paseo por la vida cotidiana; la misma que en sí ya es texto de gran valor. Dicho lo dicho (sonrío) dejo el pensamiento sin coser, por si alguien quiere subirle el dobladillo.

Hace pocos días, junto al frenético mundo de la confusión, pude ver la forma más marginal que tiene la ignorancia de expresarse. La verdad sea dicha (sonrío) creo, que en su conciencia personal, no son conscientes de la miseria que arrastran. Estaban despotricando sobre lo de siempre: la política. Su forma de hablar era tan "determinada" que para poner a caldo a Fernando Simón no dudaron en tirar de faltas de ortografía. Qué armonía, la verdad, de opiniones. Entre las b y las v, los "dijon" y "trajon" y los miles de puntos suspensivos al final de cada frase, al instante me di cuenta que estaba ante eruditos.

Ya lo he dicho alguna vez: todas las opiniones son respetables, pero no todas tienen el mismo valor. Me reafirmo. Dijo Góngora: "Demás, que honra me ha causado hacerme oscuro a los ignorantes, que esa es la distinción de los hombres doctos, hablar de manera que a ellos les parezca griego, pues no se han de dar las piedras preciosas a los animales de cerda".

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