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tRIBUNA LIBRE

El superpoder de cuidar

En las paredes del centro geriátrico en el que trabajo han colgado carteles que dicen "No todos los héroes llevan capa". Nunca había estado más de acuerdo. Tengo la suerte de estar rodeada de héroes y heroínas, y con algunos de ellos trabajo codo con codo. Les llamo "héroes" porque, cuando llegamos de nuestra casa a la residencia, lo hacemos con lágrimas en los ojos, pues no sabemos lo que nos vamos a encontrar una vez crucemos la puerta.

Pese a que el miedo no nos deja dormir, en cuanto nos enfundamos nuestro uniforme, todo eso se nos olvida y salimos a seguir cuidando: ese es nuestro superpoder. A pesar de que escaseen las mascarillas, a pesar de que cada vez sean más los afectados y con ello veamos mermadas nuestras filas, seguimos cuidando. Seguimos lavando, vistiendo, administrando comidas, cambiando pañales, sonando mocos, limpiando babas, haciendo camas, desinfectando superficies, lavando ropas, preparando comidas... Y, sobre todo, consolando a otros "héroes" que se encuentran ahora más indefensos que nunca, que no entienden por qué su hija no viene a verle desde hace días, que no quieren estar en una habitación que no es la suya, que se quitan la mascarilla una y otra vez porque rasca, que se desorientan, que no entienden por qué llevamos esos disfraces y que confiesan que, pese a haber vivido una guerra, no han tenido tanto miedo en su vida.

Son nuestros héroes frágiles, que nos preguntan cuándo se acabará todo esto. Ojalá tuviéramos la respuesta.

Yo no puedo quedarme en casa porque tengo que cuidarlos. Quédate tú para cuidarme a mí.

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