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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

El anuncio

Confirmado que en política pasa algo parecido a lo que dicen del papel -que lo aguanta todo-, no debe extrañar el anuncio de que el presidente Sánchez tendrá una presencia "intensa" en la campaña electoral gallega. Algo que certifica la debilidad de su candidato a la vez que hace patente la intención del PSOE de no renunciar a la Xunta para así lograr en 2020 lo que obtuvo el año anterior: gobernar donde pueda al precio que sea. Aunque habrá que verlo: aquí no tiene enfrente a Casado, ni a Abascal, ni a Rivera. Y por la izquierda -aparte el BNG, con un objetivo para hoy y otro muy diferente para mañana- falta peso en la balanza .

En todo caso, se cumpla o no el anuncio del staff socialista tal como se ha filtrado, resulta evidente que las estrategias de los rivales de cara al 5/A no solo son -como es lógico- distintas, sino basadas en elementos antagónicos. El PSOE jugará a favor del viento estatal, y sus aliados postelectorales aprovecharán el rebufo que suponga el Gobierno central. El PP lo hará impulsado por una organización hasta ahora casi imbatible y con la Xunta desplegada, pero con escasos apoyos foráneos. Y los que pueda tener quizá sólo le aporten lastre en lugar de beneficio.

La descripción, opinable, prescinde -intencionadamente, por supuesto- de la teoría según la cual la gobernanza debe hacerse desde criterios objetivos y actuando con la idea de que es para todos. La práctica, sin embargo, apunta cada día más a lo contrario: los intereses que se atienden con prioridad son los de los partidos y -salvo las emergencias, como en sanidad- los objetivos principales se orientan a las victorias electorales. De ahí que resulte más útil dejar a un lado las consideraciones metafísicas: lo que cuenta, al final, es "ande yo caliente y ríase la gente". Punto.

La consecuencia de todo eso es que, aparte los subterfugios con que se pretenda disimular ese estado de cosas, la gente del común se da cuenta de lo que realmente hay y cada día aprecia menos y desconfía más de buena parte de los protagonistas del sistema. Sobre todo cuando, como ocurre ahora, lo que debería ser una contienda en los límites de lo razonable se convierte en una auténtica guerra ideológica con insultos y descalificaciones que amenaza con no dejar a los electores más salidas que quedarse en casa o votar al menos malo. Y ninguna de las dos resuelve algo.

Hay responsabilidades, también diferentes, de que este panorama parezca consolidado. Ocurre que señalarlas, aún desde la opinión personal, va a significar antes que desacuerdo -algo que es legítimo- hostilidad, y ese es un daño colateral de lo que sucede. Y a modo de muestra de cuanto se expone baste citar el último botón: en el mitin del presidente Sánchez en Santiago no se oyeron más que promesas vagas, ataques contra todos los que no están de acuerdo con él y los suyos y asombrosas faltas a la verdad, como en sus referencias a los retrasos del AVE o la situación de las empresas eléctricas gallegas. Es de suponer, aunque sería bueno que no fuese así, que desde el otro lado de las barricadas dialécticas no tarde el contragolpe. Como le atribuyen a un italiano que describía la política de su país: "porca miseria".

¿No??

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