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Luis M. Alonso.

Sol y sombra

Luis M. Alonso

Torra, el rehabilitado

Pedro Sánchez le ha dicho al "supremacista" Torra que "la ley no basta" para resolver el problema catalán. Torra tendría que haberle respondido: "En realidad, para mí, la ley sobra". De hecho, se reivindica como su perseguido. A la vez, creo que a Sánchez le da igual: lo que quiere es ganar tiempo. La prueba es que su primera idea fue aplazar la mesa de negociación y, al echársele encima ERC, ha optado por considerarla un objetivo prioritario. Ayer, en su reunión con Torra, se reafirmó en ella hasta el punto de admitir que la presidirá al alimón con un inhabilitado de la política que él mismo, sin que nadie acierte a explicarse del todo las razones, se encarga de rehabilitar. Probablemente Iván Redondo, el responsable de su gobierno en la sombra, ayudaría a despejar esta duda.

Sánchez adoptó el perfil grave del político que pretende pasar a la historia iniciando una nueva relación con los independentistas catalanes promotores del golpe de Estado. Inicialmente quiso demorar las "negociaciones" pero ahora se ha puesto manos a la obra con el argumento de que el diálogo es fundamental para salvar las diferencias que lo separan de quienes reclaman la autodeterminación y la amnistía. Exagera el presidente del Gobierno.

No es tan alto el muro entre los soberanistas catalanes y esta nueva versión del resistente Sánchez, pero sí elevada la necesidad de hacernos creer que el balance de estos diez años ha provocado tanto hastío que solo una parte de las dos debería estar dispuesta a ceder frente a la alucinación separatista de un número que ni siquiera corresponde a la mitad de los catalanes. Ahora bien, cualquier conjetura es susceptible de mudar porque Sánchez puede decir una cosa hoy y la contraria mañana. Ya nos hemos acostumbrado.

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