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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

Los síntomas

Entre los síntomas más claros de que quizá se equivoquen quienes ven pocas posibilidades de otra mayoría absoluta para el PPdeG hay, en opinión de quien escribe, uno que apenas se destaca. Están sobre la mesa hipótesis acerca de lo decisiva que puede ser la presencia -o ausencia- del señor Núñez Feijóo, la influencia del 10/N en el acelerón o frenazo del desgaste conservador y/o que los populares puedan depender de aliados que acaso no encuentren. Pero no se destaca que entre las ventajas de la actual mayoría aparece la fragmentación de sus opositores.

Siempre desde un punto de vista personal, cualquiera de esos datos podría ser decisivo -sobre todo la cuestión de si el actual presidente opta por presentarse o no, claro- pero a los citados debe sumarse con la división en la izquierda y dicho desde el respeto personal, la escasa talla política y el casi nulo liderazgo social de los hipotéticos rivales del referente de centroderecha. Con la posible excepción de la portavoz nacional del BNG, aunque a su brillantez dialéctica y su agresividad oratoria opone su dogmatismo político -y el de su organización-, que a la hora de la verdad no le permite presentar un proyecto sostenible.

Viene a cuento, el prefacio, de los últimos movimientos en la oposición. De una parte, el interés de Anova, ausente en abril, por integrarse en el ámbito de Podemos -eso de "Galicia en común"- supone no ya un riesgo elevado dadas las expectativas podemitas, sino la cesión de facto de la marca nacionalista en exclusiva al antes citado Bloque, por más que haya de respetarse la opinión contraria. Y en cuanto a otros grupos, como En Marea, su insignificancia de la primavera puede convertirse ahora en defunción. Y más, salvo en el papel, no hay.

Queda, naturalmente, el PSOE, cuyos actuales dirigentes esperan que el supuesto "tirón" de noviembre, más el de abril, lo conviertan en la única alternativa viable a la situación actual. Y seguramente sea así, pero procede alguna observación. Sobre todo a quienes minusvaloran al PP de hoy hay que recordarles que al menos al gallego, le es aplicable lo de que "hasta el rabo todo es toro", y si se manera desde el otro lado, pitones. Y la endeblez del liderazgo de aquí -se ha llegado a hablar de estas nuevas generales como "una segunda vuelta" de las otras, en vez de una primaria para el PSdeG-, hace al menos verosímil un gatillazo electoral.

Sea como fuere y salga lo que salga, hay un factor de incidencia colectiva que no se ha manejado en abril, ni tampoco en el Parlamento gallego: los graves problemas a los que se enfrenta este antiguo Reino no sólo están sin salidas -ya no pactadas, sino siquiera meditadas- y no parece que esa situación se vaya a tocar siquiera de refilón en la campaña que viene. Y eso, para cualquier inquieto por el futuro, significa una disyuntiva que debiera preocupar de verdad. Porque o no hay nadie aquí que sepa qué hacer y cómo desarrollar soluciones o, peor aún, que ni siquiera sus alternativas puedan o quieran hacerlo. Y ante ese panorama apenas cabría decir cosa distinta al "apaga y vámonos".

¿Eh??

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