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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

Las víctimas

A partir de una idea, que debería ser indiscutible y consiste en el respeto absoluto a las víctimas de la catástrofe de Angrois y sus familias -y también a la verdad, que no es un asunto menor-, parece llegada la hora de exigir a algunos partidos políticos que dejen ya de jugar con el dolor de aquel suceso y manipularlo para sus propios intereses. Manipulación que, desde el punto de vista de quien esto escribe, consiste en la reiterada insistencia en crear una Comisión parlamentaria de "investigación".

Se entrecomilla la función teórica de lo que quiere hacer el Parlamento por varias causas. La primera, que todos los antecedentes demuestran que los "investigadores" parten de una idea preconcebida que, en síntesis, consiste en darle la razón no a quien la tenga, sino al que disponga de más votos para respaldar el informe. Algo ya probado en los numerosos ejemplos que podrían citarse y ratificarse por lo hecho hasta ahora en todas las Cámaras, alta y baja de las Cortes, y en las autonómicas.

No se trata de discutir la buena voluntad de quienes dicen hablar en nombre de las víctimas, pero conviene recordar, sin ánimo acusatorio, algunos hechos significativos. Uno, que la politización primero y partidización después de la tragedia se inició cuando estaban aún abiertas las heridas de los afectados y el recuerdo de los fallecidos. Otra, que gran parte de los que ahora participan en la batalla procesal nunca llegaron a visitar siquiera a las víctimas hospitalizadas durante muchos meses.

Los ejemplos pueden ser opinables, pero resultan ciertos y significativos. Como significativo es que el hecho de exigir una comisión parlamentaria mientras aún se instruye la nueva causa judicial tiene difícil explicación. Entre otros motivos, porque eso de la "responsabilidad política" está tan manido que suena a cuento: cuando hay muertos y heridos y existe condena penal, las demás se subsumen en ella bien en forma de autoría, coautoría o de complicidad por negligencia. Lo demás es propio de tahúres.

Cuanto queda dicho no pretende -lo que, por cierto, sería imposible- que la tragedia pase al olvido. Antes al contrario, hay que denunciar también la falta de indemnizaciones adecuadas por los daños, o su retraso, que es de por sí escandaloso, y lo será más aún cuanto más prolongue las polémicas. Por eso hay que cerrarlas desde el sentido común y la razón, y en un Estado de Derecho eso solo lo garantiza una justicia independiente, ágil y -aunque suene redundante- justa. Que no siempre lo parece.

¿Verdad...?

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