16 de julio de 2008
16.07.2008

El ministro Bermejo sí da la cara, al menos

16.07.2008 | 02:00

Fernando Jáuregui

Siempre he tenido para mí que si el actual ministro de Justicia, Mariano Bermejo, sojuzgase algo más ciertos instintos polémicos o histriónicos de su personalidad sería uno de los miembros más atractivos del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. A veces su deseo de sacudir un puntapié en la espinilla de la oposición es irrefrenable, lo mismo que su necesidad ineludible de mostrarse jocoso cuando menos conviene. Pero eso es lo de menos: pienso que Bermejo es un buen ministro de Justicia, aunque barra, como todos, para casa.
Tiene ante sí Bermejo, y no oculta su ocasional perplejidad ante los miuras que le salen al redondel, algunos de los temas más espinosos del estado de derecho, lo que equivale a decir de la todavía joven democracia española. Y, como es aún algo novata -¿qué son treinta años en estas cuestiones?-, nuestra democracia se queda titubeante ante un lehendakari empeñado en quebrantar la legislación vigente con un argumento tan a primera vista comprensible como que sus electores tienen el derecho a decidir sobre su propio futuro; lástima que olvide el señor Ibarretxe que no se trata solamente de "sus" electores, sino que, poniendo en tela de juicio el arquitrabe de la legalidad, violenta los derechos de quienes no pueden ni quieren votarle. O también resulta que un solo individuo, un asesino múltiple que ha dejado viudas e hijos inconsolables, sale ahora de prisión para convivir en la vecindad de gentes que son víctimas de verdugos que actuaron en nombre de las mismas ideas que el asesino múltiple.
¿Qué se puede hacer legalmente, en un Estado de derecho que quiere respetar la Constitución, para que, incluso sobre la ley, triunfen la equidad y el sentido común? Porque la ley no puede ser piedra de escándalo, permitiendo, por ejemplo, que un lehendakari celebre nada menos que una consulta popular contrariando la letra y el espíritu de todas las normas de convivencia dentro de un Estado. Peor aún es el "caso De Juana": obligar a las víctimas del terror a convivir en las escaleras, el ascensor, en la tienda de la esquina, con alguien que ha sido precisamente semillero de esos horrores supone un nuevo bofetón, ahora moral, para esas víctimas.
En una comparecencia este martes en el último desayuno del curso de Europa Press, Bermejo no escondió que aún carece de soluciones concretas para impedir que quienes han encontrado los recovecos y los huecos de las leyes puedan, en el fondo, burlarlas. Pero dio la cara para asegurar que buscará, y encontrará, esas soluciones. Ya sé que es más fácil asegurar que Ibarretxe no celebrará su consulta que decir -eso le toca a otro ministro- que se superará con bien la crisis económica. Pero estamos tan necesitados de esperanzas que una sola simple promesa rotunda, como las de Bermejo, nos basta. Algo es algo, nos decimos, mientras repasamos con preocupación lo ocurrido en la Bolsa por la mañana.

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