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Una moañesa en los mares del norte

Isabel Chapela, en enero de 2019, en Canadá con el barco lleno de nieve. | // I.C.

Isabel Chapela (Tirán, 1989), embarcará mañana hacia Canadá en un barco de pesca. Desde mayo de 2017 esta oceanógrafa trabaja en distintos caladeros, siempre con barcos de pesca de altura y en un mundo en el que suele estar rodeado de marineros varones. Ahora plasmó muchas de sus experiencias en un libro novelado con tintes autobiográficos titulado “Nunca fuimos normales”, que se financia a través de crowdfunding en la página web Diversidadliteraria.com. “Hemos superado el primer objetivo, de 50 encargos, para poder editar el libro. De momento llevamos 109 ejemplares encargados. Queremos un número suficiente para poder editarlo a color y con fotografías”, explica la moañesa residente ahora en Pontevedra.

Tras estudiar en Vigo Ciencias del Mar y trabajar en distintos sectores antes como clases particulares u hostelería, llegó a su trabajo actual “tras enviar mi currículo por recomendación de una amiga que trabajaba como observadora de control, vigilando que se cumplan las cuotas”. Cuando la llamaron para su primera marea, en Noruega, “no lo dudé. Me lancé a la aventura”.

Rodeada de marineros varones en las mareas de entre dos y tres meses cada una, sus experiencias huyen de los tópicos. “Me tratan muy bien. Al fin y al cabo, muchos me ven como si fuese su hija, al ser joven. De hecho, conozco a los hijos de muchos marineros con los que trabajé. Dentro de lo duro que es estar en un barco en alta mar, siempre me tratan muy bien y me ofrecen todas las facilidades que pueden. Hay que entender que estar encerrados en un barco tiene que ser como estar en familia”.

Lo que más le sorprendió de su primera singladura en Noruega fue “el frío y que siempre era de día, porque fuimos en verano. Pero me sorprendió un poco lo rápido que te habitúas a la dinámica de trabajar todos los días en un barco. Los días se pasan más rápido en el barco que en tierra. Pero claro que hay momentos difíciles, sobre todo cuando hay mal tiempo”. Reconoce que la primera vez se mareó “y piensas que se va a acabar el mundo”, pero “luego habitúas el cuerpo y sabes que esos mareos a veces son normales”.

En estos años trabajó ya en las conocidas islas Svalbard, pertenecientes a Noruega y que están por encima del círculo polar ártico, en Hatton Bank –un pequeño caladero de pesca situado entre el noroeste de Irlanda y el sur de Islandia– y en Terranova (Canadá). También trabajó durante una temporada “haciendo embarques cortos en la zona del mar Cantábrico. También tiene su dificultad andar cada dos días cambiando de un barco hacia otro”.

En su día a día el trabajo de Isabel Chapela consiste en “coger muestras de las especies que se capturan según el caladero y tomar datos de tallas, sexo, madurez o cantidad de ejemplares. A través de estos datos se determinan las cuotas de capturas permitidas para los barcos”, explica.

La moañesa en las islas Svalbard, de Noruega. | // I.C.

Los que adquieran el libro “Nunca fuimos normales” se encontrarán relatos “sobre muchas impresiones que tuve con anécdotas vividas a bordo. Por ejemplo, estuve en barcos con trabajadores musulmanes que se ponían a rezar y me sorprende cómo son capaces de saber en donde está La Meca cuando a nosotros nos cuesta saber en donde está el norte”.

En uno de los capítulos del libro reconoce también “que de ver tanto bacalao ya sueñas con esa especie” y narra también lo que sienten tantos marineros con la incomunicación. “Vives sin tener contacto directo con la gente. Es un aislamiento que te hace darle mucho más valor a las pocas cosas que tienes”.

La venta por encargo en la página web comenzó en el mes de abril e Isabel Chapela espera lograr, mediante este método, los encargos suficientes para que sus experiencias lleguen a muchos vecinos, sobre todo en una tierra como la moañesa, tan ligada al mundo del mar.

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