16 de noviembre de 2008
16.11.2008
Análisis

El antes y el después de la cumbre del G-20 son bastante parecidos

16.11.2008 | 19:25

La capital estadounidense regresa hoy a la normalidad tras la cumbre que los líderes del Grupo de los 20 calificaron de "histórica", pero en la cual los observadores imparciales ven, de momento, más promesas que acciones concretas.

El diario "The New York Times" señala hoy que "aunque las propuestas se presentaron como una reforma ambiciosa, reflejan sobre todo medidas que los países ya habían puesto en marcha".

Para el "Times" lo más significativo fue que la selección del G-20 como foro de encuentro, un grupo que incluye, además de a los países más ricos, a naciones en desarrollo como Brasil y China.

Simon Johnson, economista del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), dijo al "Times" que, para anunciar lo que se anunció, no hacía falta tamaño despliegue.

"Son medidas de lo más normales para lo que no era necesario organizar una reunión" de este tipo, afirmó Simon.

Los jefes de Estado y de Gobierno del G-20 se comprometieron a actuar en varios frentes, como la supervisión adicional de los mercados y la reforma y financiación del FMI, una de las áreas en la que los resultados se perfilan como más tangibles.

Además, abogaron a favor de políticas monetarias y fiscales para atajar la fuerte crisis económica, defendieron los principios del libre mercado y se comprometieron a luchar contra el proteccionismo.

Kenneth Rogoff, profesor de la Universidad de Harvard, dijo a la revista "BusinessWeek" que se trata de una declaración básica de principios en la que "todo el mundo está de acuerdo".

Lo que está menos claro es si los integrantes del G-20 comparten la misma visión sobre los cambios necesarios.

Para empezar, la mayor parte de las decisiones difíciles se han dejado para encuentros futuros.

La próxima reunión tendrá lugar antes de finales de abril, probablemente en Londres, y el gran ausente de la cita de ayer, el presidente electo de EEUU, Barack Obama, tendrá que hacer frente a importantes asuntos económicos nada más desembarcar en la Casa Blanca el próximo 20 de enero.

Algunos analistas parecen coincidir en que la ausencia de Obama hizo imposible alcanzar grandes acuerdos vinculantes.

Aun así, los ministros de Finanzas partieron hacia sus países con una larga lista de tareas pendientes.

Entre los encargos más importantes figura la elaboración entre ahora y el 31 de marzo de nuevos estándares que obliguen a los participantes en el complejo mercado de derivados a incrementar la transparencia de sus operaciones.

Los congregados en Washington coincidieron también en la necesidad de una mayor supervisión de las agencias de calificación de riesgo, que dieron luz verde a los exóticos instrumentos financieros respaldados con hipotecas basura en el centro de la actual hecatombe económica y financiera.

Por lo demás y aunque nadie echa hoy las campanas al vuelo, la cadena británica BBC concluye, en un análisis en su página web, en que lo acordado podría conducir a "algo significativo".

Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, afirmó ayer que lo importante ahora serán "las acciones de seguimiento".

Sung Won Sohn, economista de la Universidad Estatal de California, advirtió hoy en declaraciones al diario "The Wall Street Journal", que "el progreso será difícil y lento. Cada país tiene su propia agenda, lo que complica las cosas".

Sirva como ejemplo el caso del actual inquilino de la Casa Blanca, George W. Bush, quien ayer se comprometió, junto con sus homólogos del G-20, a adoptar medidas que impulsen el crecimiento, aunque no está claro lo que quiere decir eso en el caso de EEUU.

Y es que la actual Casa Blanca no respalda un paquete de estímulo fiscal adicional que se espera se someta a votación la próxima semana en el Congreso y que implicaría, entre otras cosas, la concesión de ayuda al sector automovilístico del país.

Sea como sea, Washington destiló ayer sentido de urgencia y envió el mensaje de que el no actuar implica un riesgo demasiado alto.

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