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Spain is different

Detalle de la portada de "Todo bajo el sol".

Detalle de la portada de "Todo bajo el sol".

La historia es bien sabida: a finales de los años 50, la tecnocracia franquista decidió que la mejor salida de la autarquía era lanzarse a los brazos de las suecas en busca de sol. Poco importaba que el puritanismo del régimen no comulgara bien con los excesos de la carne que mostraban las turistas en bikini: mientras fueran las extranjeras las que mostraran muslamen y no las de aquí, se podía hacer la vista gorda. Las carteras engordaban y se producía el “milagro del turismo”: las playas españolas atraían a millones de extranjeros y un muro de cemento comenzó a separar la costa de los pueblos, mientras Manuel Fraga se bañaba impertérrito demostrando que ni las bombas atómicas pararían la llegada de turistas atraídos por el “Spain is different”. Pero la preciosa postal tenía un precio que hoy comenzamos a vislumbrar y que Ana Penyas analiza en Todo bajo el sol (Salamandra Graphic). La esperadísima nueva obra de esta autora demuestra que el Premio Nacional de Cómic con Estamos todas bien fue tan solo el anuncio de una carrera por descubrir caracterizada por el compromiso y una concepción de la narración gráfica personal y diferente.

Viñetas de la obra de Ana Penyas.

Viñetas de la obra de Ana Penyas.

Como en su anterior obra, Penyas realiza un largo recorrido cronológico que empieza en 1969 y termina en la actualidad, fijándose en las vidas de familias que viven alrededor del boom turístico, dejando caer al lector datos sin pausa: la dependencia del trabajo con el incipiente turismo, la corrupción política que se instauró alrededor de esta industria, la “arquitectura del sol” desatada, la pérdida de esperanzas de los jóvenes, el olvido de los oficios tradicionales, la desaparición de las huertas… Penyas va destilando sutilmente realidades y consecuencias, dejando a los lugares, las calles y los campos que hablen. Miramos lo que nos cuentan las personas, pero son los espacios que lanzan una reflexión contundente. Perfecciona esa especial habilidad para dar protagonismo a los escenarios, que narran y cuentan sus historias en paralelo: esos lugares sin nombre que pueden simbolizar cualquier pueblo de la costa mediterránea, del Cantábrico, de las islas… No importa de dónde, el turismo va borrando lentamente las peculiaridades para crear una imagen homogénea y vacía de vida, solo llena de “Sea, sun, sex and sangría para todos”.

La esperada obra de Ana Penyas, Premio Nacional de Cómic, tiene una narración gráfica diferente

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Todo bajo el sol va construyendo poco a poco un discurso demoledor en el que no hay denuncias ni panfletos, demostrando que, a lo largo de los años, el turismo no ha sido una opción, sino una realidad que las gentes de los pueblos no podían evitar: vivir de los miles de turistas que visitaban las playas era su única posibilidad mientras la política se aprovechaba de la situación, sin tener que pensar en un futuro resuelto por un maná turístico que se antojaba inagotable y paradisíaco. Una argumentación que enfrenta el cemento omnipresente y los eslóganes rimbombantes con la única salida que le ha quedado a las gentes: la resignación. Un sentimiento que empapa cada una de las miradas de los personajes que Ana Penyas dibuja, derrotados ante una inercia que les obliga a formar parte de realidad que les arrebata y sustituye poco a poco la vida que pudieron tener por la de una colorida postal de cartón piedra, donde el sol es eterno y se baila flamenco las veinticuatro horas del día.

Pero el trabajo de Penyas no termina ahí: consigue mostrar además el profundo enraizamiento de esa cultura de la oportunidad rápida en nuestra sociedad actual y que la desaparición de los barrios arrasados por la turistificación es solo el resultado de aquellas lluvias. Los lodos ponzoñosos que llegan hoy a las ciudades son la lectura actualizada y mejorada del mismo fenómeno que transformó los pueblos blancos y marineros del Mediterráneo en émulos del skyline de Nueva York. El paso del tiempo solo ha cambiado las escalas y las estéticas, pero las dinámicas que impregnaron los anuncios de los 60 son las que mueven las páginas de pisos turísticos de hoy.

Una reflexión tan necesaria como brillante.

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